Más allá del mundo

No sienten mis manos los tactos perdidos
en las amplias sabanas de los cuerpos.
Están rugiendo los Leones;
como Buitres, atacan las soledades mías
arrancando trozos de angustia
de las zaheridas carnes de mis letras.

No son remiendos estos versos míos,
que sofoquen todo respiro de mi pluma.
Quieren su parte de olvido;
aceleran el paso, sin fijarse en los puntos
que separan la razón de mis escritos,
de la locura corta de sentirme poeta.

No, no sienten mis manos que sean mías,
ni mi contestataria pluma, ni mi alma.
Me enseñan sus dientes.
No quieren abrigar mis días con refugios
que aparten de mí, como con soplos de abanico,
la niebla que no me deja ver la costa.

A menudo se sientan en mi pecho
las horas que esperan mis palabras.
Se desesperan en minutos
y languidecen sus segundos en mis ojos,
arrinconando mis miradas perdidas,
allá... más allá...
Mucho más allá del mundo.
 
A veces se vive en lenta agonía. Un gusto leerlo. Saludos
Compañero, a veces la poesía es desgarro verdadero, otras es inspiración sobrevenida de los años y otras, simplemente inspiración. Mi gusto por la melancolía, (soy consciente) puede provocar que el que lea imagine que la vida del autor es un auténtico infierno, pero nada más lejos. Solo es una tendencia. Personalmente y como ves, intento siempre ponerme en situación y sacar alguna cosa. Nadie podría soportar vivir como muchas veces describo en mis letras, jajajajaja. Necesitaba explicarlo. Muy honrado y agradecido por tu visita. Saludos.
 
Un merecido homenaje a los paisaje por donde viaja tu poesìa sin mas temores que seguirse inspirando y logrando hacer que viajemos contigo junto a tu melancolìa plena. Un abrazo poeta.

Manuel Avilés Mora;5305784 dijo:
No sienten mis manos los tactos perdidos
en las amplias sabanas de los cuerpos.
Están rugiendo los Leones;
como Buitres, atacan las soledades mías
arrancando trozos de angustia
de las zaheridas carnes de mis letras.

No son remiendos estos versos míos,
que sofoquen todo respiro de mi pluma.
Quieren su parte de olvido;
aceleran el paso, sin fijarse en los puntos
que separan la razón de mis escritos,
de la locura corta de sentirme poeta.

No, no sienten mis manos que sean mías,
ni mi contestataria pluma, ni mi alma.
Me enseñan sus dientes.
No quieren abrigar mis días con refugios
que aparten de mí, como con soplos de abanico,
la niebla que no me deja ver la costa.

A menudo se sientan en mi pecho
las horas que esperan mis palabras.
Se desesperan en minutos
y languidecen sus segundos en mis ojos,
arrinconando mis miradas perdidas,
allá... más allá...
Mucho más allá del mundo.
 
No sienten mis manos los tactos perdidos
en las amplias sabanas de los cuerpos.
Están rugiendo los Leones;
como Buitres, atacan las soledades mías
arrancando trozos de angustia
de las zaheridas carnes de mis letras.

No son remiendos estos versos míos,
que sofoquen todo respiro de mi pluma.
Quieren su parte de olvido;
aceleran el paso, sin fijarse en los puntos
que separan la razón de mis escritos,
de la locura corta de sentirme poeta.

No, no sienten mis manos que sean mías,
ni mi contestataria pluma, ni mi alma.
Me enseñan sus dientes.
No quieren abrigar mis días con refugios
que aparten de mí, como con soplos de abanico,
la niebla que no me deja ver la costa.

A menudo se sientan en mi pecho
las horas que esperan mis palabras.
Se desesperan en minutos
y languidecen sus segundos en mis ojos,
arrinconando mis miradas perdidas,
allá... más allá...
Mucho más allá del mundo.
ese más allá, más lejano que voy distinguiendo, abrazos
 
Qué bueno encontrarte en mi camino de lectura, Manuel. La cadencia melancólica de tus versos hace que tu poema se sienta y no pase desapercibido. Gracias!
Lluvia, lamentable olvido por mi parte el no contestar tu amable comentario (no es propio de mí) Te pido disculpas y agradezco como debo tu visita y amable comentario. Gracias a ti por leerme. Saludos cordiales.
 
No sienten mis manos los tactos perdidos
en las amplias sabanas de los cuerpos.
Están rugiendo los Leones;
como Buitres, atacan las soledades mías
arrancando trozos de angustia
de las zaheridas carnes de mis letras.

No son remiendos estos versos míos,
que sofoquen todo respiro de mi pluma.
Quieren su parte de olvido;
aceleran el paso, sin fijarse en los puntos
que separan la razón de mis escritos,
de la locura corta de sentirme poeta.

No, no sienten mis manos que sean mías,
ni mi contestataria pluma, ni mi alma.
Me enseñan sus dientes.
No quieren abrigar mis días con refugios
que aparten de mí, como con soplos de abanico,
la niebla que no me deja ver la costa.

A menudo se sientan en mi pecho
las horas que esperan mis palabras.
Se desesperan en minutos
y languidecen sus segundos en mis ojos,
arrinconando mis miradas perdidas,
allá... más allá...
Mucho más allá del mundo.
Viaje de melancolia donde el aroa de la serenidad es
como un tanteo en esos rincones intimos que se
enmarcan en un tiempo que aveces se siente perdido.
excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
Viaje de melancolia donde el aroa de la serenidad es
como un tanteo en esos rincones intimos que se
enmarcan en un tiempo que aveces se siente perdido.
excelente. saludos amables de luzyabsenta
Estimado Luzyabsenta, nada agradezco más que tus comentarios a mis trabajos, aunque ya son añejos, por lo que tienen de empujoncito a seguir letrando. Pero me abandonaron las musas, las ganas y quizás también los motivos. Más aún por eso, muchas gracias a tus siempre amables comentaros. Un saludo cordial.
 
Estimado Luzyabsenta, nada agradezco más que tus comentarios a mis trabajos, aunque ya son añejos, por lo que tienen de empujoncito a seguir letrando. Pero me abandonaron las musas, las ganas y quizás también los motivos. Más aún por eso, muchas gracias a tus siempre amables comentaros. Un saludo cordial.
Te mando mis animos para seguir produciendo. agradezco ademas tu respuesta
amable. saludos de luzyabsenta
 

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