Manuel Avilés Mora
Pluma libre
No sienten mis manos los tactos perdidos
en las amplias sabanas de los cuerpos.
Están rugiendo los Leones;
como Buitres, atacan las soledades mías
arrancando trozos de angustia
de las zaheridas carnes de mis letras.
No son remiendos estos versos míos,
que sofoquen todo respiro de mi pluma.
Quieren su parte de olvido;
aceleran el paso, sin fijarse en los puntos
que separan la razón de mis escritos,
de la locura corta de sentirme poeta.
No, no sienten mis manos que sean mías,
ni mi contestataria pluma, ni mi alma.
Me enseñan sus dientes.
No quieren abrigar mis días con refugios
que aparten de mí, como con soplos de abanico,
la niebla que no me deja ver la costa.
A menudo se sientan en mi pecho
las horas que esperan mis palabras.
Se desesperan en minutos
y languidecen sus segundos en mis ojos,
arrinconando mis miradas perdidas,
allá... más allá...
Mucho más allá del mundo.
en las amplias sabanas de los cuerpos.
Están rugiendo los Leones;
como Buitres, atacan las soledades mías
arrancando trozos de angustia
de las zaheridas carnes de mis letras.
No son remiendos estos versos míos,
que sofoquen todo respiro de mi pluma.
Quieren su parte de olvido;
aceleran el paso, sin fijarse en los puntos
que separan la razón de mis escritos,
de la locura corta de sentirme poeta.
No, no sienten mis manos que sean mías,
ni mi contestataria pluma, ni mi alma.
Me enseñan sus dientes.
No quieren abrigar mis días con refugios
que aparten de mí, como con soplos de abanico,
la niebla que no me deja ver la costa.
A menudo se sientan en mi pecho
las horas que esperan mis palabras.
Se desesperan en minutos
y languidecen sus segundos en mis ojos,
arrinconando mis miradas perdidas,
allá... más allá...
Mucho más allá del mundo.