Edgar Iván Hernández
Poeta recién llegado
Mater Ciudad
Hay una luz en las ventanas que dejaste, en los amaneceres de tus pasos, silencio que es otro silencio desde tus horas. Tus críos bebieron el polen de tu sueño en fuga. San Salvador te amo con otro amor casi perfecto. Tus colmenas cantaron tus versos, lloraron por tu misterio hecho sangre y pueblo.
Desde el cerro Las Pavas Cojutepeque te canta. Y el pequeño pueblo de El Carmen, con su cerro partido, en la altura de la estación lluviosa, te espera, en retorno, de maizales y sombreros.
El volcán Chinchontepec, nostálgico de tus pies, espera que concluya este amanecer, para saludarte junto a tus hijos, con la garganta de sus ríos, donde un día donaste desnuda, la libertad de tus semillas y tu amor de pájara de fuego.
Desde el cerro Las Pavas Cojutepeque te canta. Y el pequeño pueblo de El Carmen, con su cerro partido, en la altura de la estación lluviosa, te espera, en retorno, de maizales y sombreros.
El volcán Chinchontepec, nostálgico de tus pies, espera que concluya este amanecer, para saludarte junto a tus hijos, con la garganta de sus ríos, donde un día donaste desnuda, la libertad de tus semillas y tu amor de pájara de fuego.