F. Marcos
F. Marcos
No sé, por que extraña razón,
vine al mundo como un duende.
¡Pero tengo corazón!
Y una madre que me quiere.
Me cuida, me mima, me entiende,
veo por sus ojos, gozo con su risa
y su pecho es el nido
en el cual me siente fuerte.
No conozco el rencor
ni la envidia o crueldad,
que en el mundo están presente.
Vivo en un rinconcito de paz,
en el que mi madre, es la fuente
que inunda mi corazón
de tanto amor y piedad,
que mi alma se engrandece.
Y, a través de sus caricias
de sus besos
de esa alegría que me transmite
y que siente,
soy un ser afortunado
que siempre tendrá presente,
que de amor se puede vivir
-y si pudiera elegir-
no cambiaría mi suerte.
¡Como te amo, madre!
Y, con sus alas voló.
DE LA LUNA AL SOL
Hoy, debo partir
y lo hago... con amor,
y a sabiendas, que mi marcha
te ha de producir dolor,
no llores madre por mí
pues en ti siempre estaré
¡vive tú por las dos!
que eso me hará muy feliz.
vine al mundo como un duende.
¡Pero tengo corazón!
Y una madre que me quiere.
Me cuida, me mima, me entiende,
veo por sus ojos, gozo con su risa
y su pecho es el nido
en el cual me siente fuerte.
No conozco el rencor
ni la envidia o crueldad,
que en el mundo están presente.
Vivo en un rinconcito de paz,
en el que mi madre, es la fuente
que inunda mi corazón
de tanto amor y piedad,
que mi alma se engrandece.
Y, a través de sus caricias
de sus besos
de esa alegría que me transmite
y que siente,
soy un ser afortunado
que siempre tendrá presente,
que de amor se puede vivir
-y si pudiera elegir-
no cambiaría mi suerte.
¡Como te amo, madre!
Y, con sus alas voló.
DE LA LUNA AL SOL
Hoy, debo partir
y lo hago... con amor,
y a sabiendas, que mi marcha
te ha de producir dolor,
no llores madre por mí
pues en ti siempre estaré
¡vive tú por las dos!
que eso me hará muy feliz.
Última edición: