Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
El más perro de mis pulmones es un gato
que busca en su caja de arena
un sitio para ronronear.
Por eso mi corazón está lleno de pelos
y costras de mierda
y a nadie sorprende que mi amor huela a orines.
Ese aroma que tú llamas dulce
es la desesperación de los cadáveres que esperan
en la orilla de la autopista
a que alguien les ayude a pasar al otro lado
o que los lleven a casa.
La cena se enfría y ellos no pueden hacer nada,
ni siquiera estarse quietos.
El más perro de mis pulmones no sabe ladrar,
pero remeda las sirenas de las ambulancias,
aúlla –o tose– y le dice a la muerte “ahí están”.
Y nadie le lanza un hueso
ni le dicen “buen chico” al gato menos perro
del único pulmón que no he quemado.
Haces bien en no creer lo que te cuento,
pero haces mal en quererme.
Cuando termines de desenvolver esta momia
todavía tendrás que escarbar en el vacío
para encontrar un poco de ceniza: la tuya.
Las moscas de tus labios que cayeron en mi sopa
me conmueven por la facilidad
que muestran para arder y no rendirse.
Solo tú puedes creer que tus besos
no están pasados de sal
y que los míos son algo más que aftas y pupas.
No incineres tu ternura en los ventrículos
de un gato muerto
cuyo único empeño es aprender a ladrar.
que busca en su caja de arena
un sitio para ronronear.
Por eso mi corazón está lleno de pelos
y costras de mierda
y a nadie sorprende que mi amor huela a orines.
Ese aroma que tú llamas dulce
es la desesperación de los cadáveres que esperan
en la orilla de la autopista
a que alguien les ayude a pasar al otro lado
o que los lleven a casa.
La cena se enfría y ellos no pueden hacer nada,
ni siquiera estarse quietos.
El más perro de mis pulmones no sabe ladrar,
pero remeda las sirenas de las ambulancias,
aúlla –o tose– y le dice a la muerte “ahí están”.
Y nadie le lanza un hueso
ni le dicen “buen chico” al gato menos perro
del único pulmón que no he quemado.
Haces bien en no creer lo que te cuento,
pero haces mal en quererme.
Cuando termines de desenvolver esta momia
todavía tendrás que escarbar en el vacío
para encontrar un poco de ceniza: la tuya.
Las moscas de tus labios que cayeron en mi sopa
me conmueven por la facilidad
que muestran para arder y no rendirse.
Solo tú puedes creer que tus besos
no están pasados de sal
y que los míos son algo más que aftas y pupas.
No incineres tu ternura en los ventrículos
de un gato muerto
cuyo único empeño es aprender a ladrar.
23 de mayo de 2016