mariano dupont
Poeta fiel al portal
MAYO-REVOLUCIÓN-SAN MARTÍN
Vaticinaron gloria los augurios,
en su eternal presagio por el orbe...
contemplando pueblos,
en empinadas proezas,
de coraje libertario.
Hubo enclaves en cielos,
olimpos y eternidades.
Se conmocionaron
dimensiones sin fronteras.
Duendes, hadas,magos...
ángeles y diosas impúdicas,
aclamaron al pueblo,
que por la libertad,
empapó banderas
de sangre americana.
Y gritó fuerte al mundo,
que anhelaba para sus hijos dignidad,
no habiendo dudas,
que vivos o muertos...
con la sangre necesaria derramada,
serían algún día dueños de su voluntad.
Y cuando surgio...
desde el alma de la historia
la exaltación
contemplando en ese sur a los valientes,
paridos por mujeres inefables,
portando banderas de victoria o muerte...
la gloria dispuso su homenaje mayor.
Venía esa tempestad de pechos,
de donde reina el ombu en la llanura,
buscando empecinada,
vencer al ande colosal,
para decirles a sus hermanos,
que somos solo uno,
los luchadores del sur,
y fuimos señalados por la gloria,
para imponer a sangre y fuego,
nuestra libertad.
................................................
Ensimismado en su silencio,
no repara el gran capitán ,
en ventiscas ni nevadas...
no lo emocionan los viejos recuerdos,
ni la evocación de glorias pasadas;
no oye el grito del cóndor que lo llama.
No lo exalta el canto sin tiempo,
del alma luminosa de la roca,
que entre picos y quebradas,
pone luz en lo que besa,
acariciando esa grandesa,
con el manto de la nada.
Y aunque el presente ya es gloria,
mirando hacia delante,
busca mas historia,
don Jose de San Martin.
Algo inmenso y encendido,
en su corazón se agita...
y es que en todas sus fibras de patriota,
la liberación
de los pueblos de américa palpita,
y la opresión del godo,
su ansiedad irrita.
Mientras el cóndor de Andrade,
sediento de gloria se excita...
y batiendo las alas,
se mueve, saluda y grita...
Juramentados y leales...
entonando cantos a la patria liberada,
cabalgan tozudos los jinetes;
montados en lobunos, overos y gateados.
Golosos de libertad con ese jefe querido van...
Son blancos, negros y mulatos,
los que disputan gloria a la grandeza.
¡Son las hueste inmortales...ellos la patria nos legaron!.
Paso a paso los llevan esos caballitos criollos,
que trepando los andes...¡Al bronce van!,
con el andar, el aliento y el instinto...
...si ...¡así! ¡como lo cantó Roldán.
Y cuando en la inmensidad que agobia,
se derrama el silencio en esa legión,
un grito es para aquellos hombres religión,
si ese grito es...¡Victoria o muerte!...del Libertador.
....................................................................
Vaticinaron gloria los augurios,
en su eternal presagio por el orbe...
contemplando pueblos,
en empinadas proezas,
de coraje libertario.
Hubo enclaves en cielos,
olimpos y eternidades.
Se conmocionaron
dimensiones sin fronteras.
Duendes, hadas,magos...
ángeles y diosas impúdicas,
aclamaron al pueblo,
que por la libertad,
empapó banderas
de sangre americana.
Y gritó fuerte al mundo,
que anhelaba para sus hijos dignidad,
no habiendo dudas,
que vivos o muertos...
con la sangre necesaria derramada,
serían algún día dueños de su voluntad.
Y cuando surgio...
desde el alma de la historia
la exaltación
contemplando en ese sur a los valientes,
paridos por mujeres inefables,
portando banderas de victoria o muerte...
la gloria dispuso su homenaje mayor.
Venía esa tempestad de pechos,
de donde reina el ombu en la llanura,
buscando empecinada,
vencer al ande colosal,
para decirles a sus hermanos,
que somos solo uno,
los luchadores del sur,
y fuimos señalados por la gloria,
para imponer a sangre y fuego,
nuestra libertad.
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Ensimismado en su silencio,
no repara el gran capitán ,
en ventiscas ni nevadas...
no lo emocionan los viejos recuerdos,
ni la evocación de glorias pasadas;
no oye el grito del cóndor que lo llama.
No lo exalta el canto sin tiempo,
del alma luminosa de la roca,
que entre picos y quebradas,
pone luz en lo que besa,
acariciando esa grandesa,
con el manto de la nada.
Y aunque el presente ya es gloria,
mirando hacia delante,
busca mas historia,
don Jose de San Martin.
Algo inmenso y encendido,
en su corazón se agita...
y es que en todas sus fibras de patriota,
la liberación
de los pueblos de américa palpita,
y la opresión del godo,
su ansiedad irrita.
Mientras el cóndor de Andrade,
sediento de gloria se excita...
y batiendo las alas,
se mueve, saluda y grita...
Juramentados y leales...
entonando cantos a la patria liberada,
cabalgan tozudos los jinetes;
montados en lobunos, overos y gateados.
Golosos de libertad con ese jefe querido van...
Son blancos, negros y mulatos,
los que disputan gloria a la grandeza.
¡Son las hueste inmortales...ellos la patria nos legaron!.
Paso a paso los llevan esos caballitos criollos,
que trepando los andes...¡Al bronce van!,
con el andar, el aliento y el instinto...
...si ...¡así! ¡como lo cantó Roldán.
Y cuando en la inmensidad que agobia,
se derrama el silencio en esa legión,
un grito es para aquellos hombres religión,
si ese grito es...¡Victoria o muerte!...del Libertador.
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