Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Funeraria tristeza lleva el río,
menguado en su caudal y en afluentes;
presumo que en verano si no llueve
han de llorar los cauces su descaro,
han de sufrir las piedras y los peces.
Qué angostos los caminos y las sombras,
y los vientos que acercan el poniente;
los minerales suelos ya no pueden
amamantar raíces con sus pechos
ni dar a luz la vida con su vientre.
Las aves surcan cielos despejados,
deshojado de nubes su celeste,
acortan los trayectos, van y vuelven
del árbol que las trae al seco nido,
de su nido a buscar nuevos vergeles.
Las cabras se alimentan de rastrojos,
ramonean el monte y su pendiente,
fenecen los renuevos existentes
reos de haber nacido en la escasez
de unas bocas hambrientas e impacientes.
Se retrasa la lluvia y en la espera
de este final de mayo delincuente
se me ocurre escribir por ver si cede
esta sequía atroz que persevera
en tragarse los charcos y las fuentes.
menguado en su caudal y en afluentes;
presumo que en verano si no llueve
han de llorar los cauces su descaro,
han de sufrir las piedras y los peces.
Qué angostos los caminos y las sombras,
y los vientos que acercan el poniente;
los minerales suelos ya no pueden
amamantar raíces con sus pechos
ni dar a luz la vida con su vientre.
Las aves surcan cielos despejados,
deshojado de nubes su celeste,
acortan los trayectos, van y vuelven
del árbol que las trae al seco nido,
de su nido a buscar nuevos vergeles.
Las cabras se alimentan de rastrojos,
ramonean el monte y su pendiente,
fenecen los renuevos existentes
reos de haber nacido en la escasez
de unas bocas hambrientas e impacientes.
Se retrasa la lluvia y en la espera
de este final de mayo delincuente
se me ocurre escribir por ver si cede
esta sequía atroz que persevera
en tragarse los charcos y las fuentes.