Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me dijeron que te vieron con ella. Estaban a solas, envueltos por una luz tenue y música melancólica. Me contaron que ella era hermosa, sin dudas, otra hija de Zeus. Y tú dejabas ver esa fragilidad de hombre, cuando su mano jugaba con tu pelo y en tu sonrisa se dibujaba tu éxtasis. Rozabas su cuello con tus labios y tu mano repasaba el ruedo de su falda buscando el momento perfecto para incursionar en su tibia intimidad, así poseerla y llenarte de ella, aunque fuera un pecado mortal. Ella sonría, coqueteaba, se te insinuaba como otorgándote el permiso de hacerla tuya. Despojaste su ropa, dejando descubierta su perlada piel. Me cuentan que te sorprendiste pues tus ojos nunca habían visto tan hermosa obra maestra. Su cuerpo seria cual versión femenina del David. Su cuerpo perfecto y su belleza se tatuaron en tus ojos, su esencia y su recuerdo se grabaron, con tinta indeleble, en tu memoria y en tus sentidos. La hiciste tan tuya, que aunque no la invoques, siempre estará a tu alrededor. Sé que aquella noche conociste a tu musa, a la que se adueñaría de cada pensamiento loco, absurdo, lujurioso e impúdico, de tu mente fantasiosa. Y cada noche, la tendrás en tu habitación, en tu cama, en tu mente y en tus letras.
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