LUZYABSENTA
Poeta que no puede vivir sin el portal
Gracias amiga, como Eunice Victoriosa- me hiciste atravesar el Mar de los supendidos
perdones. Dividido en dos partes, la segunda es un canto a ella.
ME DUELEN LOS DEDOS CUANDO RECOGEN LÁGRIMAS
I
Un cielo de tarde concluida en aleteos,
cortina de silencio rendido a los ruidos
entre una noche de relojes deslizados;
un tiempo sin tregua de serenidad abierta
cuando el sol se reclina como derrotado,
y los ojos fabulan con celestes funerales
de escalofríos briznados e intemporales.
Señora de las notas musicales
¡Divídeme con vientos de tus aromas!
Creeré que tu piel es aurora traslucida
a mis dedos de granizo hambriento.
Ese silencio perturbado de fragilidades
y palabras acordadas en días despoblados;
estoy dilatado por penumbras náufragas,
son las viejas heridas enrejadas,
aves rimando el final del invierno
en áreas quemadas por las alas solares.
Dama de alma perfumada y blanca.
¡No esperes que no te obedecerán!
Estoy sentado aquí abrigado de ilusiones
y con el lápiz de las edades descoloridas.
Solamente soy un pez para ti
cuando las horas del agua oscura
son destruidas por el grito equilibrado de la noche
y mi cuerpo es onda extendida en playa soñada;
ser gota de lluvia que atrae el azúcar a tus ojos
cuando derivas el guante del recuerdo hacia mí.
II
Eunice.
Mujer que regresa siempre a su madre
en ese imperio del cenit de la libertad,
en edades no perturbadas de insomnios
donde hay conciencia de amor orgulloso:
tiempo en el cielo de los relojes de lucha.
Mientras impotentes mis ojos inspiran
la plaga enamorada en la codicia sutil,
de la fortaleza móvil y con derivación
que escoge los miedos de esas arenas.
Me duelen los dedos cuando recogen lágrimas,
creo en esa tragedia de tus cielos de fantasía;
me llevas esta noche para que me abrace
a tus pendientes sinuosas, sedientas, formas
que atrapan arterias perforadas en la memoria.
Ahora te recuerdo, así, Ninfa victoriosa.
* * * * * * *
luzyabsenta
perdones. Dividido en dos partes, la segunda es un canto a ella.
ME DUELEN LOS DEDOS CUANDO RECOGEN LÁGRIMAS
I
Un cielo de tarde concluida en aleteos,
cortina de silencio rendido a los ruidos
entre una noche de relojes deslizados;
un tiempo sin tregua de serenidad abierta
cuando el sol se reclina como derrotado,
y los ojos fabulan con celestes funerales
de escalofríos briznados e intemporales.
Señora de las notas musicales
¡Divídeme con vientos de tus aromas!
Creeré que tu piel es aurora traslucida
a mis dedos de granizo hambriento.
Ese silencio perturbado de fragilidades
y palabras acordadas en días despoblados;
estoy dilatado por penumbras náufragas,
son las viejas heridas enrejadas,
aves rimando el final del invierno
en áreas quemadas por las alas solares.
Dama de alma perfumada y blanca.
¡No esperes que no te obedecerán!
Estoy sentado aquí abrigado de ilusiones
y con el lápiz de las edades descoloridas.
Solamente soy un pez para ti
cuando las horas del agua oscura
son destruidas por el grito equilibrado de la noche
y mi cuerpo es onda extendida en playa soñada;
ser gota de lluvia que atrae el azúcar a tus ojos
cuando derivas el guante del recuerdo hacia mí.
II
Eunice.
Mujer que regresa siempre a su madre
en ese imperio del cenit de la libertad,
en edades no perturbadas de insomnios
donde hay conciencia de amor orgulloso:
tiempo en el cielo de los relojes de lucha.
Mientras impotentes mis ojos inspiran
la plaga enamorada en la codicia sutil,
de la fortaleza móvil y con derivación
que escoge los miedos de esas arenas.
Me duelen los dedos cuando recogen lágrimas,
creo en esa tragedia de tus cielos de fantasía;
me llevas esta noche para que me abrace
a tus pendientes sinuosas, sedientas, formas
que atrapan arterias perforadas en la memoria.
Ahora te recuerdo, así, Ninfa victoriosa.
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luzyabsenta