Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Me faltan palabras, sí, esas que se esconden en la comisura de los labios, como mariposas temerosas de volar en tormenta. Me faltan, y a veces siento que los silencios son más vastos que todo el diccionario, que la lengua se vuelve un paisaje desértico donde el eco del cariño no encuentra forma. Pero no me falta amor. Eso no.
El amor, ese animal inquieto, se derrama por las grietas de mi voz rota, se trepa por los bordes de las pausas, como una enredadera en busca de luz. Está ahí, en lo que no digo, en los gestos diminutos que tratan de contener la inmensidad de lo que siento. ¿Cómo medirlo si el lenguaje se me queda corto, si las palabras apenas alcanzan para arañar la superficie?
Amarte es un acto de balance en el filo del abismo, un susurro que grita desde el fondo. Aunque me falten palabras, las miradas las inventan, las manos las dibujan, y el silencio las carga de un peso que no puede ser ignorado.
Porque no hay verbo que alcance, ni adjetivo que abarque, ni metáfora que no se quede pequeña. Pero ahí está el amor, latiendo sin permiso, llenando los huecos de las frases truncadas, dando sentido incluso al vacío.
¿Me faltan palabras? Sí. Pero el amor, el amor nunca falta.
El amor, ese animal inquieto, se derrama por las grietas de mi voz rota, se trepa por los bordes de las pausas, como una enredadera en busca de luz. Está ahí, en lo que no digo, en los gestos diminutos que tratan de contener la inmensidad de lo que siento. ¿Cómo medirlo si el lenguaje se me queda corto, si las palabras apenas alcanzan para arañar la superficie?
Amarte es un acto de balance en el filo del abismo, un susurro que grita desde el fondo. Aunque me falten palabras, las miradas las inventan, las manos las dibujan, y el silencio las carga de un peso que no puede ser ignorado.
Porque no hay verbo que alcance, ni adjetivo que abarque, ni metáfora que no se quede pequeña. Pero ahí está el amor, latiendo sin permiso, llenando los huecos de las frases truncadas, dando sentido incluso al vacío.
¿Me faltan palabras? Sí. Pero el amor, el amor nunca falta.