Yak Mercado
Poeta recién llegado
-Me faltas- Pero no me faltas tú, a carne llena, me faltas de otro modo, de otras maneras, cuando digo que –me faltas- no hablo de algo que me quite el sueño o la alegría de vivir, me faltas como éter, incompleta e impasible, me falta tu respiración y tu aliento, pero no tú, persona que respira y conforta con palabras de ánimo; me faltas a modo de café por las mañanas o cigarrillo de la tarde, no con tu hermoso cuerpo de melancólicos movimientos.
(¿Cómo lo explico? Si ni siquiera puedo explicarme a mí. Digamos que: -me faltas para vivir, pero no eres el aire que respiro para seguir viviendo-)
-Me faltas- a modo de conversación, como esa sonrisa detrás de mi rostro cuando miro mi reflejo, me faltas en el gris de los rostros de la gente, en gestos de otros tiempos, a modo de luz tenue en el laberinto, la necesaria para iluminar, no la suficiente para encontrar la salida.
Así, a necesidad de presencia enredada con ausencia.
Fuimos eternos, y fue por tan poco.
Que efímera es la eternidad.
(¿Cómo lo explico? Si ni siquiera puedo explicarme a mí. Digamos que: -me faltas para vivir, pero no eres el aire que respiro para seguir viviendo-)
-Me faltas- a modo de conversación, como esa sonrisa detrás de mi rostro cuando miro mi reflejo, me faltas en el gris de los rostros de la gente, en gestos de otros tiempos, a modo de luz tenue en el laberinto, la necesaria para iluminar, no la suficiente para encontrar la salida.
Así, a necesidad de presencia enredada con ausencia.
Fuimos eternos, y fue por tan poco.
Que efímera es la eternidad.