Jose Andrea Kastronovo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sentí esa caricia del viento en mi rostro,
justo cuando me iba a tirar al vacío de la nada,
y mientras mi alma triste al revés caminaba,
dejé escapar la esperanza de mis manos
y guardé en mis labios el último te amo.
Ese día, mis alas quebradas y luidas,
se abrieron porque mis ojos ya no te pudieron ver,
pero las viejas y polvosas plumas al fin flotaban,
las heridas profundas por un momento cauterizaban,
y así, en el borde del precipicio, sólo me lancé,
rompiendo con la caída los pocos hilos que quedaban,
y sin voltear a verte, moví mis alas y volé lejos de ti,
hacia el lado opuesto, sin llorar, abrí mis alas y me fui.
Y así me fui… muy lejos de ti y de tu rencor,
a kilómetros de tu ego y tu orgullo,
alejado de la distancia que para mi tuviste,
tan lejos de lo que para mí llamaste amor….
justo cuando me iba a tirar al vacío de la nada,
y mientras mi alma triste al revés caminaba,
dejé escapar la esperanza de mis manos
y guardé en mis labios el último te amo.
Ese día, mis alas quebradas y luidas,
se abrieron porque mis ojos ya no te pudieron ver,
pero las viejas y polvosas plumas al fin flotaban,
las heridas profundas por un momento cauterizaban,
y así, en el borde del precipicio, sólo me lancé,
rompiendo con la caída los pocos hilos que quedaban,
y sin voltear a verte, moví mis alas y volé lejos de ti,
hacia el lado opuesto, sin llorar, abrí mis alas y me fui.
Y así me fui… muy lejos de ti y de tu rencor,
a kilómetros de tu ego y tu orgullo,
alejado de la distancia que para mi tuviste,
tan lejos de lo que para mí llamaste amor….
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