MJ Mondéjar
Poeta recién llegado
Me gustan los que cantan,
las que amamantan,
los caminos sin vallas,
los cuchillos que cortan.
Los amores que envejecen,
las flores que perfuman.
Las escritoras que escriben,
los gestos amables,
tu mirada profunda,
tus ojos tan azules.
Tu risa contagiosa,
tus labios de fresa.
La gente sencilla y su huerto,
los que no saben decir,
los perritos sin pedigrí,
las flores en el desierto.
Las huellas en la arena
de manos callosas,
la única justicia,
la justicia divina.
La libertad de las aves,
los pensamientos abiertos,
los pasos bien firmes,
los andares discretos.
Las voces suaves,
las ideas geniales del baúl.
Tus dientes brillantes
en el invierno de tu vida
y tus manos de azul.
El amor duradero,
las lágrimas de alegría.
La paciencia eterna,
el ritmo pausado de los días,
el vino justo, el pan sencillo
la comida sin disgusto
y el capricho merecido.
La reunión familiar
el abrazo amigo,
los sabores del mar,
el verso amargo.
El poema largo, denso,
el libro abierto.
Me gustan las ventanas abiertas
la cocina humeante,
el pan caliente,
las cadenas rotas.
La biblioteca repleta
y el papiro escrito con tinta.
©
las que amamantan,
los caminos sin vallas,
los cuchillos que cortan.
Los amores que envejecen,
las flores que perfuman.
Las escritoras que escriben,
los gestos amables,
tu mirada profunda,
tus ojos tan azules.
Tu risa contagiosa,
tus labios de fresa.
La gente sencilla y su huerto,
los que no saben decir,
los perritos sin pedigrí,
las flores en el desierto.
Las huellas en la arena
de manos callosas,
la única justicia,
la justicia divina.
La libertad de las aves,
los pensamientos abiertos,
los pasos bien firmes,
los andares discretos.
Las voces suaves,
las ideas geniales del baúl.
Tus dientes brillantes
en el invierno de tu vida
y tus manos de azul.
El amor duradero,
las lágrimas de alegría.
La paciencia eterna,
el ritmo pausado de los días,
el vino justo, el pan sencillo
la comida sin disgusto
y el capricho merecido.
La reunión familiar
el abrazo amigo,
los sabores del mar,
el verso amargo.
El poema largo, denso,
el libro abierto.
Me gustan las ventanas abiertas
la cocina humeante,
el pan caliente,
las cadenas rotas.
La biblioteca repleta
y el papiro escrito con tinta.
©