Affer
Poeta recién llegado
Me he parado, por fin,
delante de un atardecer mudo,
sentada
frente a qué.
No porque no tenga piernas o pies o
porque los músculos no estén en forma.
Me he sentado por el entendimiento
que aportan los sucesos;
levantarse por la mañana,
el astro de la mala leche.
Entre sentarse y estar de pie
andando despacio, deprisa o corriendo,
da igual,
no hay diferencia;
entre partirse o amarse,
esforzarse hasta el espumarajo
O dormir toda la mañana en la cuna
de la petición más absoluta de inconsciencia.
Sentarse al menos hace
que el cansancio sea mínimo
y que el aliento llegue a los pulmones.
delante de un atardecer mudo,
sentada
frente a qué.
No porque no tenga piernas o pies o
porque los músculos no estén en forma.
Me he sentado por el entendimiento
que aportan los sucesos;
levantarse por la mañana,
el astro de la mala leche.
Entre sentarse y estar de pie
andando despacio, deprisa o corriendo,
da igual,
no hay diferencia;
entre partirse o amarse,
esforzarse hasta el espumarajo
O dormir toda la mañana en la cuna
de la petición más absoluta de inconsciencia.
Sentarse al menos hace
que el cansancio sea mínimo
y que el aliento llegue a los pulmones.