Évano
Libre, sin dioses.
No pensé que temblara el amor
y fue arena y lava entre los dedos
y se escapaba, se escapaba
entre tus pechos y mis besos
hasta el otro Cielo.
Y allí te amé,
acurrucada y entera,
entre llamas y lujurias.
Allí te amé,
en el otro infierno,
hirviendo
eterna entre las piernas
temblorosas de un cuerpo
que reventó de besos.
Digamos que fuimos Tierra,
un mundo donde revolcamos al amor
entre los jugos de animales ciertos.
Allí te quise,
toda desnuda de ti,
deseando que jamás termináramos
los abrazos, caricias.
Que nunca diera fin
tanta piel abierta.
Pensé que era cerámica el amor
y fue barro moldeado por las manos,
hierba, ríos, prados
y el fuego
de una manta y un suelo
frente al volcán de la chimenea
de la única casa del mundo.
¡Derretimos toda la nieve de tanto invierno
y abrigamos tanto frío solitario
que ahora dudo que fuéramos nosotros!
Nosotros dos...
tan solos...
Pensé que eran estrellas el amor
titilando serenas en lo lejos de la noche
y eran ellas llorando un adiós
en la fría oscuridad de un paisaje desolado.
Y ahora el desamor hondea
y arrastra a su fin de acantilado
a los cuerpos de cataratas que fuimos.
y fue arena y lava entre los dedos
y se escapaba, se escapaba
entre tus pechos y mis besos
hasta el otro Cielo.
Y allí te amé,
acurrucada y entera,
entre llamas y lujurias.
Allí te amé,
en el otro infierno,
hirviendo
eterna entre las piernas
temblorosas de un cuerpo
que reventó de besos.
Digamos que fuimos Tierra,
un mundo donde revolcamos al amor
entre los jugos de animales ciertos.
Allí te quise,
toda desnuda de ti,
deseando que jamás termináramos
los abrazos, caricias.
Que nunca diera fin
tanta piel abierta.
Pensé que era cerámica el amor
y fue barro moldeado por las manos,
hierba, ríos, prados
y el fuego
de una manta y un suelo
frente al volcán de la chimenea
de la única casa del mundo.
¡Derretimos toda la nieve de tanto invierno
y abrigamos tanto frío solitario
que ahora dudo que fuéramos nosotros!
Nosotros dos...
tan solos...
Pensé que eran estrellas el amor
titilando serenas en lo lejos de la noche
y eran ellas llorando un adiós
en la fría oscuridad de un paisaje desolado.
Y ahora el desamor hondea
y arrastra a su fin de acantilado
a los cuerpos de cataratas que fuimos.
Última edición:
