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Los delgados dedos
de tu perseverancia
hurgan en los húmedos terrenos
de mi oculta privacidad
y me veo desprovista
de todo
tienes el poder
de desnudar mi alma.
Mi carnal envase
no me protege.
Tu mirada me vuelve vulnerable.
Mi mirada se crucifica en el umbral del dolor
se han rotos mis ataduras y mi mañana,
la paz me limpia las heridas con amor.
Esa ternura llamada Aldana.
Un verdadero honor leerte en esta tu obra maestra, de elegante composición.