Ladime Volcán
Exp..
Sabe Dios que me quedan muchas cosas más en el inventario..., pero me cansé de expresarlo, sólo quería motivarlos a ver las cosas como son, que no todo lo malo acaba siendo al final malo, y que eso: ¡La vida es un regalo!, besos y gracias por pasar, muuuacks!:::hug::::::hug:::
Me quedan vagos recuerdos
que estrujo entre las manos...
Pedacitos de papel mortificados,
que en otrora, de amor los salpicamos...
Me queda aguzo el tropel
de tus insistentes llamados;
y angosta la timidez
que dejé olvidada en tus labios...
Me queda un boleto de tren,
un pasaje a un autobús imaginario;
y la punta de un largo cordel
que tejí tras escenarios...
Me queda la piel de tus pies,
grabada como en un sudario;
que ungimos con la más dulce miel,
cuando amarnos era un novenario...
Me queda el amor entre sien y sien
agazapado y revolucionario...
Prendido a la neurona número cien,
capaz de acaparar un centenario...
Me queda un viejo cincel
y un destornillador desgastado,
con uno repujé el interés,
con otro atornillé los pecados...
Me queda el vicio al revés
de besarte entre las manos,
y de tomarte los besos en vez,
de descalzarte los labios...
Me queda una hija ciempiés...
Y una mueca de mordijullo ignorado;
Agüita pa regar siempre un clavel,
y uno que otro dedo agarrotado...
Me queda esta insensatez
de mirarte a los ojos temprano...
Cuando el sol alumbra con desfachatez
a esa tu mirada de antaño...
Me queda, de lo que aprendí ayer,
dos títulos en la pared colgados...
Arrugas que en su desnivel,
muestran un rostro más sabio y cansado...
Me queda la alegría de saber que después,
de andar, y llorar, y sonreír tanto y tanto...
Le pueda decir a mis gastados pies:
¡Descansen, que ya es suficiente lo andado!
Me queda el unicornio aquél,
con el que todas soñamos,
como prueba de que: no todo se puede ver,
aunque en él firmemente creamos...
Me queda amor sembrado por doquier.
Me queda licencia y amparo;
y la esperanza y la fe me hacen ver:
que lo que me queda es, de la vida, un regalo...
Me quedan vagos recuerdos
que estrujo entre las manos...
Pedacitos de papel mortificados,
que en otrora, de amor los salpicamos...
Me queda aguzo el tropel
de tus insistentes llamados;
y angosta la timidez
que dejé olvidada en tus labios...
Me queda un boleto de tren,
un pasaje a un autobús imaginario;
y la punta de un largo cordel
que tejí tras escenarios...
Me queda la piel de tus pies,
grabada como en un sudario;
que ungimos con la más dulce miel,
cuando amarnos era un novenario...
Me queda el amor entre sien y sien
agazapado y revolucionario...
Prendido a la neurona número cien,
capaz de acaparar un centenario...
Me queda un viejo cincel
y un destornillador desgastado,
con uno repujé el interés,
con otro atornillé los pecados...
Me queda el vicio al revés
de besarte entre las manos,
y de tomarte los besos en vez,
de descalzarte los labios...
Me queda una hija ciempiés...
Y una mueca de mordijullo ignorado;
Agüita pa regar siempre un clavel,
y uno que otro dedo agarrotado...
Me queda esta insensatez
de mirarte a los ojos temprano...
Cuando el sol alumbra con desfachatez
a esa tu mirada de antaño...
Me queda, de lo que aprendí ayer,
dos títulos en la pared colgados...
Arrugas que en su desnivel,
muestran un rostro más sabio y cansado...
Me queda la alegría de saber que después,
de andar, y llorar, y sonreír tanto y tanto...
Le pueda decir a mis gastados pies:
¡Descansen, que ya es suficiente lo andado!
Me queda el unicornio aquél,
con el que todas soñamos,
como prueba de que: no todo se puede ver,
aunque en él firmemente creamos...
Me queda amor sembrado por doquier.
Me queda licencia y amparo;
y la esperanza y la fe me hacen ver:
que lo que me queda es, de la vida, un regalo...