Una vez muerto, despierto.
Florece en mi pecho un corazón seco y acartonado.
Insensible al estímulo sordo de tu alma.
Encuentro la calma arrogante que siempre conocida por mi me acompaña hasta el amanecer.
Donde, a ritmo desacompasado, me arrastro hasta mi hogar a la luz de todos.
Que me ven llegar entre un vocerío de loco.
Le di otra vuelta de tuerca a mi mente
que se extravió y no la encuentro
y mi juicio malherido acompaña mil tormentos
que recojo tras la siembra de vientos huracanados
de perpetua juventud que se vuelve senectud al paso de largos años.
Pero atisvo cerca el fin a las noches sin sentido.
Sé que aguardas en la meta imaginaria hacia donde mi destino me lleva sin dilación
y la desesperación de mis nervios calmo
con esta meditación.
Florece en mi pecho un corazón seco y acartonado.
Insensible al estímulo sordo de tu alma.
Encuentro la calma arrogante que siempre conocida por mi me acompaña hasta el amanecer.
Donde, a ritmo desacompasado, me arrastro hasta mi hogar a la luz de todos.
Que me ven llegar entre un vocerío de loco.
Le di otra vuelta de tuerca a mi mente
que se extravió y no la encuentro
y mi juicio malherido acompaña mil tormentos
que recojo tras la siembra de vientos huracanados
de perpetua juventud que se vuelve senectud al paso de largos años.
Pero atisvo cerca el fin a las noches sin sentido.
Sé que aguardas en la meta imaginaria hacia donde mi destino me lleva sin dilación
y la desesperación de mis nervios calmo
con esta meditación.
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