iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya me harté de llorar por tí,
¡pobrecita niña triste!
con los ojos de laguna.
Ya me cansé de rondar los rincones
buscándote la sombra.
Me convertí en una zorra
amordazada por la zozobra.
Fuí un demonio sin poder,
pero más ya no,
se me acabó la amargura.
Tengo tantos pañuelos sucios
y ninguno valió la pena
de ensuciar con mi tristeza.
Ya me harté del odio
que aprisionó mis carcajadas.
Ahora el cinismo vuelve a surgir,
humor negro de descarada.
Vuelvo a ser la misma sinvergüenza,
que tanto se divertía
con la vida,
con la crudeza,
con la locura.
Me harté de los recuerdos mediocres,
que en mi afán de retener
adorné de dulzura.
No los quiero más
y se van, junto con tus besos
a la basura.