abcd
Poeta adicto al portal
No, no es la habitación blanca,
con su hormona débil pegada a la pared.
Ni la cama rota, de suspiros, de afectos extrovertidos.
No es el armario vacío de ropas no mías,
ni las camisas sin planchar.
No, no es la habitación.
Tampoco es la cocina,
con el mutante que da vida a las hormigas.
Si no sé hervir un huevo
sin romper un sueño con hambre de piel,
sin volver a abrir la heladera descalzo de alma, con hambre de una voz.
Yo y mi simples vertigos promiscuos.
No, no es la cocina.
Será la noche vestida de ayer,
o los hologramas que crecen en mis manos.
Será la puerta que cierra sola, el viento,
o la calma del televisor dormido.
Será la poesía desnudando mi esencia
o la falta de una pastilla celeste.
No se. Casi ni importa saberlo,
mañana será igual, quizá sin el viento,
quizá con la pared llena de hormonas
o con la ropa planchada, así sin más.
con su hormona débil pegada a la pared.
Ni la cama rota, de suspiros, de afectos extrovertidos.
No es el armario vacío de ropas no mías,
ni las camisas sin planchar.
No, no es la habitación.
Tampoco es la cocina,
con el mutante que da vida a las hormigas.
Si no sé hervir un huevo
sin romper un sueño con hambre de piel,
sin volver a abrir la heladera descalzo de alma, con hambre de una voz.
Yo y mi simples vertigos promiscuos.
No, no es la cocina.
Será la noche vestida de ayer,
o los hologramas que crecen en mis manos.
Será la puerta que cierra sola, el viento,
o la calma del televisor dormido.
Será la poesía desnudando mi esencia
o la falta de una pastilla celeste.
No se. Casi ni importa saberlo,
mañana será igual, quizá sin el viento,
quizá con la pared llena de hormonas
o con la ropa planchada, así sin más.