MELANCOLÍA

Adrià Rivero Torres

Poeta recién llegado
Cogí el fruto del árbol caído

sabiendo que, mirando atrás,

eso ya lo hice.

Me pregunto:

cómo puedo volver

a probar del fruto prohibido,

si ya vuelo como ave

y ese fruto está escondido.



Lo guardé no por placer,

bajo clave,

y ahora está podrido

en el cajón

de mi habitación,

en una caja llamada Pandora,

cerrado bajo llave,

y dado por perdido.



A veces lo huelo,

a través de mi dolor.

Es un olor dulce

que amarga mi esplendor.

Sé que él metió la pata,

pero Dios lo permitió.

Y ahora yo soy Marco Antonio,

buscando

dónde Cleopatra se escondió.



Llovió de noche y de día,

en el iris de mis ojos.

Y solo me calmó

dejar de ver mi reflejo

en los tuyos.

Muchas veces no entendí

el sabor de ese fruto,

e intenté abrir la caja

sin mayor tributo.



Nadie me dijo misa,

por eso no recé por no abrirla.



Pero no recordé que la llave

me la tragué por precaución.

Así que, en plena desesperación,

rompí el candado,

y recordé que lo cerré

porque el fruto es mi corazón.
 

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