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Poeta recién llegado
En el aire hay una melancolía que ni se siente,
En el mar hay unas lagrimas que no duermen pero siempre se despiertan,
Siempre recorren el mismo afluente que las desviste hasta las cuencas,
Humedos luceros aguardando el alma pereciente.
Ando descalzo por estas aguas cristalinas que solo con palabras quiebran,
Y se resbalan mis pies al borde de la helada muerte.
En el mar hay unas lagrimas que no duermen pero siempre se despiertan,
Siempre recorren el mismo afluente que las desviste hasta las cuencas,
Humedos luceros aguardando el alma pereciente.
Ando descalzo por estas aguas cristalinas que solo con palabras quiebran,
Y se resbalan mis pies al borde de la helada muerte.