José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Extasiado en las olas de tu vientre
donde nada acaba, donde nada persiste
¡ay mi musa!, dormida en el relente de la urna
donde el amor naufragando, muere.
Veo reflejos en tu tez donde el mundo se detiene,
agrestes lugares donde hombres y mujeres
se balancean, corriente irresistible,
fuego que incendia mi ser de cometa
donde la lujuria se ceba con heridas
que no sanan, monstruosidades esparciendo
lluvias y escarchas.
Cuando los nocturnos rayos nos atrapen
sobre el polvo cósmico de tu cabello
y amanezca un nuevo día sobre la bóveda azul pálida,
nuestra pasión de aguaceros que golpean los cristales
se habrá extinguido, en una selva de estrellas y luceros.
Embaucados en vientos de arena, nuestros cuerpos
abrazan los días grises, sin importar si son muchos o pocos;
las heridas en su alto esplendor, prohibirán brotar los incipientes
tallos, brotando en tus senos turgentes, en tu alma de sollozos apagados.
Entonces, más allá de donde duermen los sueños,
donde se confiesa la soledad, en un agujero tan inmenso
como el tiempo, enterraremos esta pasión en un baúl
donde las estrellas y los luceros, descansan en su sueño eterno.
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