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Melancólicos 22 : Muerte del alma

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Viento de las olas profundas del universo,
sonoridad silenciosa sobre meteoritos
de nostalgia cabalgando
hacia la ignominia.

Profeta de alas blancas
circundando su cara,
cabellera de aura triste envilecida,
con frente pálida de mortis reciente.

Sueños cercanos a lo imposible
ascendiendo cómo cometas
a una nave donde habita el tormento
y el suplicio de los lamentos,
morbidez de la vida.

Todo el polvo del universo
condensado en mi corazón.

Resplandores de otras vidas
como arcos de penuria, llegaban hasta mí.

Rayo viril, luz fosforescente
fulminando mis tentaciones lascivas,
encubriendo la maldad perversa
de esta etapa onírica
de la tragedia griega de mi vida.

Los nenúfares de la maldad
acechando el frenesí sórdido
de la muerte cabalgando
por estelas celestiales
se acercan a mi.

Una explosión de estrella interestelar
convulsiona mi ser
destruyéndolo, convirtiéndolo
en átomos imperecederos.

Allí:

Más alta de las nubes
y las constelaciones, mi alma descansa
en tinieblas permanentes,
entre humedales y escarchas.
 


Viento de las olas profundas del universo,
sonoridad silenciosa sobre meteoritos
de nostalgia cabalgando
hacia la ignominia.

Profeta de alas blancas
circundando su cara,
cabellera de aura triste envilecida,
con frente pálida de mortis reciente.

Sueños cercanos a lo imposible
ascendiendo cómo cometas
a una nave donde habita el tormento
y el suplicio de los lamentos,
morbidez de la vida.

Todo el polvo del universo
condensado en mi corazón.

Resplandores de otras vidas
como arcos de penuria, llegaban hasta mí.

Rayo viril, luz fosforescente
fulminando mis tentaciones lascivas,
encubriendo la maldad perversa
de esta etapa onírica
de la tragedia griega de mi vida.

Los nenúfares de la maldad
acechando el frenesí sórdido
de la muerte cabalgando
por estelas celestiales
se acercan a mi.

Una explosión de estrella interestelar
convulsiona mi ser
destruyéndolo, convirtiéndolo
en átomos imperecederos.

Allí:

Más alta de las nubes
y las constelaciones, mi alma descansa
en tinieblas permanentes,
entre humedales y escarchas.

Gran final en estos versos. Un cierre realmente más alto que las nubes.
Muy hermoso.

Un abrazo
 
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