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Melancólicos 29 : Triste destierro

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Duro será el triste destierro de mi vida
acostumbrado a dormir sobre flores
ahora caigo sobre ellas,
sintiendo el dolor de rosas sollozando.

Escarcha reprimida de mis lágrimas,
mi corazón te reclama enloquecido
trinar de arpa, sortilegios hechos suspiros
bellos pétalos colgando de la estela de tu cuerpo.

Tallo floreciente de flores abiertas,
abanico que me refresca, cautivándome el alma
sutil perfume con tu dulzura y fragancia
una camisa confecciono sintiendo
el roce de tu piel que me envenena.

Se llenan de nostalgias mis horas
contemplando tu rostro, es añil
en un mar embravecido donde navega mi deseo
vestido de mañana o de atardecer doliente.

Tiembla la noche en tus manos
acaricia la esperanza tus cabellos,
enervan las pasiones solitarias
y claudican en ti el clavel y la violeta.

La memoria no sabe de historias
que no llegaron a hilarse,
que murieron antes de ser vividas,
sólo añoran el tacto de la piel
que recubre el silencio

Desde el otro lado del océano
las llamas inician su solitaria travesía,
abandonando los escarpados Andes
volando como las golondrinas a cobijarse
bajo mi manto de hojas rojas
naufragando en la lujuria de la noche húmeda.

Las palabras son corceles briosos
nuestras almas lluvias que emigran
con los vientos,
no se encontraron, pasaron por encima de la vida,
de los mares, atravesaron el horizonte
ajenas a nosotros.

Naufragando en la orilla
donde florecen las esperanzas
de los amantes cautivados.
 
Última edición:


Duro será el triste destierro de mi vida
acostumbrado a dormir sobre flores
ahora caigo sobre ellas,
sintiendo el dolor de rosas sollozando.

Escarcha reprimida de mis lágrimas,
mi corazón te reclama enloquecido
trinar de arpa, sortilegios hechos suspiros
bellos pétalos colgando de la estela de tu cuerpo.

Tallo floreciente de flores abiertas,
abanico que me refresca, cautivándome el alma
sutil perfume con tu dulzura y fragancia
una camisa confecciono sintiendo
el roce de tu piel que me envenena.

Se llenan de nostalgias mis horas
contemplando tu rostro, es añil
en un mar embravecido donde navega mi deseo
vestido de mañana o de atardecer doliente.

Tiembla la noche en tus manos
acaricia la esperanza tus cabellos,
enervan las pasiones solitarias
y claudican en ti el clavel y la violeta.

La memoria no sabe de historias
que no llegaron a hilarse,
que murieron antes de ser vividas,
sólo añoran el tacto de la piel
que recubre el silencio

Desde el otro lado del océano
las llamas inician su solitaria travesía,
abandonando los escarpados Andes
volando como las golondrinas a cobijarse
bajo mi manto de hojas rojas
naufragando en la lujuria de la noche húmeda.

Las palabras son corceles briosos
nuestras almas lluvias que emigran
con los vientos,
no se encontraron, pasaron por encima de la vida,
de los mares, atravesaron el horizonte
ajenas a nosotros.

Naufragando en la orilla
donde florecen las esperanzas
de los amantes cautivadores.
Gracias Maramín por pasar por mis letras. Es un gran honor maestro. Un abrazo con la pluma del alma
 
Hay mucho naufragio en estas melancólicas y añorantes letras, a veces eso nos deja
el amor y más si hay un océano que los separa. Un poema hermoso que hasta se
parece a mi. Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
Mil gracias Anamer así es el amor unas veces triste, solitario; otras henchido de felicidad radiante. Mil gracias por tu comentario, un abrazo con la pluma del alma
 


Duro será el triste destierro de mi vida
acostumbrado a dormir sobre flores
ahora caigo sobre ellas,
sintiendo el dolor de rosas sollozando.

Escarcha reprimida de mis lágrimas,
mi corazón te reclama enloquecido
trinar de arpa, sortilegios hechos suspiros
bellos pétalos colgando de la estela de tu cuerpo.

Tallo floreciente de flores abiertas,
abanico que me refresca, cautivándome el alma
sutil perfume con tu dulzura y fragancia
una camisa confecciono sintiendo
el roce de tu piel que me envenena.

Se llenan de nostalgias mis horas
contemplando tu rostro, es añil
en un mar embravecido donde navega mi deseo
vestido de mañana o de atardecer doliente.

Tiembla la noche en tus manos
acaricia la esperanza tus cabellos,
enervan las pasiones solitarias
y claudican en ti el clavel y la violeta.

La memoria no sabe de historias
que no llegaron a hilarse,
que murieron antes de ser vividas,
sólo añoran el tacto de la piel
que recubre el silencio

Desde el otro lado del océano
las llamas inician su solitaria travesía,
abandonando los escarpados Andes
volando como las golondrinas a cobijarse
bajo mi manto de hojas rojas
naufragando en la lujuria de la noche húmeda.

Las palabras son corceles briosos
nuestras almas lluvias que emigran
con los vientos,
no se encontraron, pasaron por encima de la vida,
de los mares, atravesaron el horizonte
ajenas a nosotros.

Naufragando en la orilla
donde florecen las esperanzas
de los amantes cautivadores.
Gracias luna roja por pasar por mis letras. Un abrazo con la pluma del alma
 


Duro será el triste destierro de mi vida
acostumbrado a dormir sobre flores
ahora caigo sobre ellas,
sintiendo el dolor de rosas sollozando.

Escarcha reprimida de mis lágrimas,
mi corazón te reclama enloquecido
trinar de arpa, sortilegios hechos suspiros
bellos pétalos colgando de la estela de tu cuerpo.

Tallo floreciente de flores abiertas,
abanico que me refresca, cautivándome el alma
sutil perfume con tu dulzura y fragancia
una camisa confecciono sintiendo
el roce de tu piel que me envenena.

Se llenan de nostalgias mis horas
contemplando tu rostro, es añil
en un mar embravecido donde navega mi deseo
vestido de mañana o de atardecer doliente.

Tiembla la noche en tus manos
acaricia la esperanza tus cabellos,
enervan las pasiones solitarias
y claudican en ti el clavel y la violeta.

La memoria no sabe de historias
que no llegaron a hilarse,
que murieron antes de ser vividas,
sólo añoran el tacto de la piel
que recubre el silencio

Desde el otro lado del océano
las llamas inician su solitaria travesía,
abandonando los escarpados Andes
volando como las golondrinas a cobijarse
bajo mi manto de hojas rojas
naufragando en la lujuria de la noche húmeda.

Las palabras son corceles briosos
nuestras almas lluvias que emigran
con los vientos,
no se encontraron, pasaron por encima de la vida,
de los mares, atravesaron el horizonte
ajenas a nosotros.

Naufragando en la orilla
donde florecen las esperanzas
de los amantes cautivadores.


Gran y florido poema, José.
Saludo!!!
 


Duro será el triste destierro de mi vida
acostumbrado a dormir sobre flores
ahora caigo sobre ellas,
sintiendo el dolor de rosas sollozando.

Escarcha reprimida de mis lágrimas,
mi corazón te reclama enloquecido
trinar de arpa, sortilegios hechos suspiros
bellos pétalos colgando de la estela de tu cuerpo.

Tallo floreciente de flores abiertas,
abanico que me refresca, cautivándome el alma
sutil perfume con tu dulzura y fragancia
una camisa confecciono sintiendo
el roce de tu piel que me envenena.

Se llenan de nostalgias mis horas
contemplando tu rostro, es añil
en un mar embravecido donde navega mi deseo
vestido de mañana o de atardecer doliente.

Tiembla la noche en tus manos
acaricia la esperanza tus cabellos,
enervan las pasiones solitarias
y claudican en ti el clavel y la violeta.

La memoria no sabe de historias
que no llegaron a hilarse,
que murieron antes de ser vividas,
sólo añoran el tacto de la piel
que recubre el silencio

Desde el otro lado del océano
las llamas inician su solitaria travesía,
abandonando los escarpados Andes
volando como las golondrinas a cobijarse
bajo mi manto de hojas rojas
naufragando en la lujuria de la noche húmeda.

Las palabras son corceles briosos
nuestras almas lluvias que emigran
con los vientos,
no se encontraron, pasaron por encima de la vida,
de los mares, atravesaron el horizonte
ajenas a nosotros.

Naufragando en la orilla
donde florecen las esperanzas
de los amantes cautivadores.
Gracias Dragón por pasarte por mis letras. Un abrazo para tu Ecuador natal
 


Dulces versos en los que resaltan esos sentimientos arraigados en tu ser querido amigo.
Un buen regalo. Gracias.
Un abrazo.








Duro será el triste destierro de mi vida
acostumbrado a dormir sobre flores
ahora caigo sobre ellas,
sintiendo el dolor de rosas sollozando.

Escarcha reprimida de mis lágrimas,
mi corazón te reclama enloquecido
trinar de arpa, sortilegios hechos suspiros
bellos pétalos colgando de la estela de tu cuerpo.

Tallo floreciente de flores abiertas,
abanico que me refresca, cautivándome el alma
sutil perfume con tu dulzura y fragancia
una camisa confecciono sintiendo
el roce de tu piel que me envenena.

Se llenan de nostalgias mis horas
contemplando tu rostro, es añil
en un mar embravecido donde navega mi deseo
vestido de mañana o de atardecer doliente.

Tiembla la noche en tus manos
acaricia la esperanza tus cabellos,
enervan las pasiones solitarias
y claudican en ti el clavel y la violeta.

La memoria no sabe de historias
que no llegaron a hilarse,
que murieron antes de ser vividas,
sólo añoran el tacto de la piel
que recubre el silencio

Desde el otro lado del océano
las llamas inician su solitaria travesía,
abandonando los escarpados Andes
volando como las golondrinas a cobijarse
bajo mi manto de hojas rojas
naufragando en la lujuria de la noche húmeda.

Las palabras son corceles briosos
nuestras almas lluvias que emigran
con los vientos,
no se encontraron, pasaron por encima de la vida,
de los mares, atravesaron el horizonte
ajenas a nosotros.

Naufragando en la orilla
donde florecen las esperanzas
de los amantes cautivadores.
 
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