José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todas las tardes cuando te pienso,
en la penumbra de mis sueños,
tu luz destella con más brillo;
brioso corcel desbocado que me arrulla.
Pero no encuentro consuelo al pensar
que en el juego del amor, la traición es mortal,
palabra rota, promesa sin verdad,
daga que se hunde en el lodazal
de los latidos sordos que flotan a la deriva
del corazón herido, lágrimas caen,
cicatrices del alma, eterna condena.
Engaño que carcome, sin piedad alguna,
amor traicionado, esperanza difunta.
¿Cómo sanar las heridas tan profundas?,
palabras rotas, sentimientos fundidos al sol.
La noche se yergue pensativa y taciturna,
maldición oscura, flagrante crimen
en los destellos de plata de la noche:
ciclo interminable, herida que perdura.
Entonces
En mi soledad
con la lluvia copiosa de rencores
no consigo descansar,
me encuentro en el precipicio del caos
mi cabeza inquieta gira,
en nuestra cama sin encontrar el gozo de mi dicha.
Busco la calma del riachuelo perdido
el ulular del búho es mi compañía,
como estrella que siempre perdura,
iluminando mi melancolía.
Entre las sábanas, el olor,
tu ausencia pesa en el lecho,
donde solíamos soñar,
cierro los ojos, y entre las nubes
tiernas, entrañables, me miras
siento tu falta al despertar,
en esta cama vacía,
miro al techo sin cesar,
anhelando tu compañía,
para volver a descansar.
En cada suspiro, en cada instante,
tu imagen vive en mi mente,
y en mi corazón, constante,
late el amor ardiente como el clavo
en el desierto de mi mente.
Anhelo rescatar lo que una vez fue nuestro,
tejer de nuevo los hilos de lo que pudo ser,
y en el crepúsculo de mis añoranzas,
saber que aún laten los latidos de aquel amor perdido.