José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sus labios dulces como miel
sus ojos como estrellas en la noche,
su presencia iluminaba mi alma
y despertaba emociones
que nunca antes había sentido.
Cada vez que la veía,
mi corazón latía con fuerza,
como si fuera a estallar de amor
y admiración por ella.
Hubiera creído, en aquel primer día,
que su sonrisa sería el sol
que iluminaba mis días grises,
que su risa sería la melodía
que alegraría mi corazón.
Su presencia era
como un oasis en medio del desierto,
un refugio
en el que podía encontrar paz y felicidad.
Aunque en mis sueños
la veo siempre distante,
sé que su belleza nunca
se desvanecerá en mi memoria,
porque en cada mirada, en cada gesto,
se grabó su imagen
como un tesoro invaluable.
Hubiera creído, en aquel primer día,
que su amor sería el más grande regalo
que yo podría recibir,
que su presencia sería
mi mayor bendición en la vida
y aunque el destino nos separó en caminos distintos,
su recuerdo vivirá por siempre en mi corazón,
como un eterno amor que tiene dueño y guía..