José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la noche oscura de mi alma,
la pena danza penetrante y amarga,
como sombra de cuervo
que nunca se va,
como beso pulverizado al viento.
Ojos de confusión
amargura de lo cotidiano
arrastrados sobre pliegues suntuosos;
almohada de buitres
en prado de sangre
crepúsculo revuelto
fuego en la mirada.
En la sombra
palpita la incertidumbre,
luz osada de la desnudez
misterioso reflejo
de un pasado oscuro y profundo
donde el alma es un río ignorante,
enmudecido por la gracia divina
de tu confusión errante.
Prado teñido de carmesí
en busca de la redención muda
del dolor.
El crepúsculo arde con intensidad,
como fuego en los ojos llenos de pasión,
un destello de luz en medio de la oscuridad,
una llama eterna en la noche sin fin.
Se cuela en cada suspiro,
se anida en mi corazón,
la tristeza, cruel testigo
de mi roto sentimiento.
Lágrimas caen
sobre las laderas de tus mejillas,
susurros de un dolor callado,
la pena es un ave volando
por mustios descampados.
Un peso en el alma
una resurrección muerta.
Pero en medio de esta tormenta,
brilla una luz de esperanza,
que alumbra mi senda
bajo la aurora de tu ausencia,
y disipa el triste sueño
que soñando llevo tiempo
entre tus lagos y tus montañas.
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