Teo Moran
Poeta fiel al portal
Llegó el otoño con su desarraigo.
Intenta acariciar las hojas del roble
con las puntas de sus dedos invisibles,
arrullar los pétalos hermosos del girasol
pero las hojas bajo su mano delgada
duermen ausentes en el viejo sendero,
y los pétalos mustios sueñan dormidos
a la espera de otra verde primavera.
Llegó el otoño con sus grises y azules,
con la devoción de un amor imposible
que lleva una melodía incomprendida,
ama las notas del verano que termina
y los jilgueros en el cielo van trinando,
necesita al cauce cristalino y sinuoso
donde se reflejan las copas de los chopos,
y bajo la sombra del roble las hojas llenan
un tapiz ocre con sus almas dormidas,
mas el otoño con su corazón desnudo
una a una las besa con sus fríos labios.
-¡Quiero al amor del otoño desarraigado
y este acaricie con sus dedos a mi alma,
que los brotes que suspiran bajo mi piel
expiren con la languidez de su salmo!
-¡Necesito ser vestido por las hojas muertas
que fueron dormidas bajo su mano,
escuchar la melodía incomprendida
que vierte suavemente sus fríos labios,
sentir la devoción de su amor imposible
y ser solo un plácido vestigio del verano!
-¡Volar en pos de mi bella golondrina
que se llevó entre sus alas delicadas
los latidos de mi corazón enamorado!
Llegó el otoño con su desarraigo
haciéndose dueño de la luz del día,
amo de las hojas y de las amapolas
que hoy cubren el sendero con sus vidas,
del verde y el azul del cauce profundo
donde se reflejan las copas de las encinas,
y nuestro amor es un aire de nostalgia,
una brisa en el vuelo de mi golondrina.