En la madreselva de mis fieles ancestros nunca se pone el haz radiante del divino Sol.Allí,las flores de purpúreo destello cantan melodiosas rimas que embelesan de sagrado encanto a mis delicados oídos;los cuales fueron creados en el albor de los tiempos para cazar el son fugitivo y a la vez meloso de la musicalidad eterna,que tañen en marco azulado el movimiento acompasado de las eternas esferas.Entonces,embriagado de arpegios armónicos sorbo el aroma sacramental de las flores que destilan incienso eclesial,y me hundo en un frenesí que hace las delicias de mi alma traslúcida a los rayos dichosos de Helios,ese dios inmaculado que ha jurado no perderme ni un instante de su vida del espejo que fragua las almas reales y benefactoras del benigno cosmos.