JUNIO 2009
GANADORES POETA MES
POETA
Melquiades San Juan
POETISA
SILVIAE
BIOGRAFÍA DE MELQUIADES SAN JUAN
Radiografía.
Me vi envuelto en el fuego de dos cuerpos en amorosa batalla. Sin tener culpa vine a dar aquí, en el mentado planeta azul.
Dicen las malas lenguas que cuando nací llovía a cantaros y mi madre estaba sumergida en un bello sueño, el más bello de su vida. Alguien que no era mi ángel de la guardia me avisó que tenía que ir a la reja con todo y chivas y, presintiendo lo peor, me resistí como pude.
No eran dolores de parto.
Dice mi madre que me agarraba como podía de sus entrañas para no salir, quizá desde entonces ya padecía del llamado pánico escénico. Mi lucha terminó cuando un relámpago escandaloso me distrajo y me vi inmerso en un raro baño de luz. Lloré como ambulancia apresurada tratando de llegar a su destino y no hubo forma de hacerme dormir hasta bien entrado el primer día de mi vida.
La abuela vino a ponerme un nombre raro, autoritario, por eso utilizo un seudónimo que es entre patriarcal y santurrón.
Desde chico me gustó enredar a la gente con mis cuentos y decir cosas que pocos entienden. Algunos piensan que esas cosas me vienen del cielo y otros que son aullidos del averno. Ambos se equivocan porque todo eso tiene que ver más con mi eterna ausencia de cordura que con cualquier tipo de iluminación o inspiración extraterrena.
Me gustó la filosofía y me involucré en ella para fugarme constantemente de la realidad; mas la realidad me persigue por todas partes como perro faldero. Cuando me canso de huir de ella nos ponemos a charlar frente a cualquier vidrio que bien sirva de espejo. La gente me mira extrañada y yo los miro comprensivamente. Andamos por la misma banqueta aunque transitemos por mundos diferentes.
Me gusta volar, pero como no tengo alas me volví onda radiofónica, así mi voz viajó entre cielo y tierra y me escucharon muchos oídos en los diversos confines del mundo. Me llegaron muchas cartas de personas que afirmaban conocerme sin haberme visto jamás. Cuando las leí empecé a creer que me empezaba a conocer a mí mismo. La emoción que me provocó saber algo sobre mí me motivó a experimentar junto con otros en el complicado esfuerzo de aprender a pensar para intentar entender quién soy y adónde voy.
Da pena decirlo pero es justo y necesario confesar que juntos fracasamos en el intento; sin embargo, ese esfuerzo me dejó un buen hábito: leer cientos de ideas de otros tantos que buscaron lo mismo que yo, y que, aunque llegaron a mis mismos lindes cognoscitivos, justo es declarar que gracias a ello sé que es hermoso leer y escribir para expresar ideas y pensamientos de todo tipo, y que no es tan importante estar en lo cierto todo el tiempo, ya que a veces una confusión lleva hacia esas constantes temporales que gustan pomposamente de llamar: realidades.
Me gusta escribir poemas porque no necesariamente encierran realidades. A través de ellos se trasminan muchas y muy caras fantasías mezcladas con sentimientos profundos de eso que llamamos cualidades humanas.
Alguna vez quise ser portador de la verdad y me esmeré en escribir de la rebeldía que nace desde las injusticias, y me vi reflejado, de alguna forma, en lo mismo que pretendía denunciar. Descubrí que al igual que los demás, tenía un tiempo muy breve para escudriñar al mundo y dejé que el mundo me mostrara sus múltiples horizontes. Me di cuenta que mi mirada no me permitía conocer los horizontes desde todos los ángulos y me vi obligado a aceptar mi pequeñez individual conciliándola con las demás visiones que conmigo observan los diversos horizontes de la vida.
Ahora me acepto como el hombre que es parte de ese cuerpo universal que forman todos los seres vivientes. Leo y escribo para completar la red de información de lo que vemos y sentimos todos. Ahí he encontrado más de mí, que lo encontré mirándome a mi espejo personal.
Mi pavesa se consume en ese tiempo compartido en el que todos tenemos algo qué contar y qué escuchar de los que nos ha sucedido a cada uno en este breve viaje bajo el sol. Gracias a eso me puedo hacer una idea cercana de lo que es ser un ser vivo en este universo en el que todos ignoramos qué es estar muerto.
BIOGRAFÍA DE SILVIAE
Desde niña caminé entre letras, no he perdido el recuerdo del primer libro donde aprendí a leer. Al salir del colegio, estudié ingeniería de sistemas, profesión a la que dediqué muchos años. También opté por el diploma de traductor jurado e intérprete, siendo esta última una de mis pasiones.
Siempre he tenido la inquietud de dibujar con letras el mundo que me rodea, así que buscando alas descubrí a las palabras y así empecé a incursionar en el mundo de la poesía. Hace un año descubrí este portal, por lo que este reconocimiento viene a ser un estupendo regalo de primer aniversario.
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