Memoria
La cuna de mi alma ausente
deslizándose sobre mi memoria,
las plazas que acogen mi insana euforia
negando la evidencia.
Las cartas que jugué sabiendo de mi derrota,
todo,
absolutamente todo,
sabe a victoria.
En terrenos hostiles que marcan a fuego
lo que escribo,
disfruto de la sustancia que me come el pellejo,
el niño de ayer,
ahora viejo,
aprendió a ser eterno,
y no por ello se pavonea
de lo ya vivido,
de lo ya sufrido.
Entre los bosques se perderá su estela indómita,
su salvaje modo de caminar,
para regresar al fin a la lumbre hogareña
del principio de los tiempos.
Rilin
Darío Méndez
La cuna de mi alma ausente
deslizándose sobre mi memoria,
las plazas que acogen mi insana euforia
negando la evidencia.
Las cartas que jugué sabiendo de mi derrota,
todo,
absolutamente todo,
sabe a victoria.
En terrenos hostiles que marcan a fuego
lo que escribo,
disfruto de la sustancia que me come el pellejo,
el niño de ayer,
ahora viejo,
aprendió a ser eterno,
y no por ello se pavonea
de lo ya vivido,
de lo ya sufrido.
Entre los bosques se perderá su estela indómita,
su salvaje modo de caminar,
para regresar al fin a la lumbre hogareña
del principio de los tiempos.
Rilin
Darío Méndez