Alguien grita en las montañas
dormidas del sueño y arroja
su ruido del viento
a esta habitación que habita en mi.
Casi siempre he pensado en la felicidad
envuelta en un revoltijo de señales invisibles
desapercibidas por los ojos tibios
dormidos en el amanecer de los días.
Así corrijo mi memoria
como un escrito
por capricho de los dioses.
Los círios de los años se han ido desgastando
convirtiendo los recuerdos en cera.
Ya es invierno de géiseres,
la niebla espesa el cielo.
La oscuridad narcotiza los pensamientos
y los devuelve en formas de sigilo.
Ahora se que lo que busco me busca
en esta nube de sueños perfumados
atrás o adelante del tiempo circular.
Mañana acabaré de momia
mientras los visitantes se pregunten
que es la muerte.
Mientras doy permiso a mi territorio
no quedándome más excusas
haciendo caso a los árboles
para embriagarme de vida,
mirando alto como estrella
o más alto todavía
sencillamente a la altura de los ojos .
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