Mendigo

Nicolas Bera

Poeta recién llegado
Una tarde de abril, de caricias viles y pasiones atormentadas, perturbaba al criterio la razón vigente que le acompañaba estupefacto, el mundo se le hundía frente al tragaluz silente de su aurora triste, como pétalo de rosa que cae por el despeñadero en otoño, la cohesión familiar se le había desgarrado como amapolas terciando al viento. La evasión era la libertad única y comprendida para su juicio, las incógnitas le paseaban eternas por las costas adormecidas de su mente, de repente el universo se le hacía incomprensible, introducía la atonía constante, dentro de aquel orbe nefasto y oscuro, de un largo recorrido sin final. El rechazo es el resultado derivado de su inevitable pasado, observan por el hueco de aparente superioridad al mendigo descuidado y mugriento, con el inmenso desdén, en vez del fomento, o la mano hermana necesitada, reactivan sus incapacidades racionales para no ver al pobre hombre que se concibió como tal, y muere de hambre a su merced, como para cada cual, no ha de ser necesario.
 

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