Fredmore
Romano Manfre More
Admiro los ríos
caudalosos, imponentes,
igual que los riachuelos
comunes y corrientes.
Se despeñan de los montes,
se pierden en los horizontes,
hasta alcanzar el mar abierto,
con preciso y misterioso acierto,
venciendo mil dificultades
y obstáculos naturales.
Hacia el mar es su camino,
su rumbo, su destino.
Riegan los campos y los cultivos,
los huertos, los castaños y los olivos.
Abrevan los rebaños y el ganado,
reverdecen el monte y el prado,
albergan los peces en sus caudales,
transportan víveres y materiales.
Así es de la vida el sentido,
así es el humano recorrido
hacia el remanso de la felicidad,
hacia el mar de la eternidad
con la clara intención
de cumplir con su noble misión,
la de llevar vida y utilidad
en su viaje terrenal,
hasta el destino final
de su vida mortal.
caudalosos, imponentes,
igual que los riachuelos
comunes y corrientes.
Se despeñan de los montes,
se pierden en los horizontes,
hasta alcanzar el mar abierto,
con preciso y misterioso acierto,
venciendo mil dificultades
y obstáculos naturales.
Hacia el mar es su camino,
su rumbo, su destino.
Riegan los campos y los cultivos,
los huertos, los castaños y los olivos.
Abrevan los rebaños y el ganado,
reverdecen el monte y el prado,
albergan los peces en sus caudales,
transportan víveres y materiales.
Así es de la vida el sentido,
así es el humano recorrido
hacia el remanso de la felicidad,
hacia el mar de la eternidad
con la clara intención
de cumplir con su noble misión,
la de llevar vida y utilidad
en su viaje terrenal,
hasta el destino final
de su vida mortal.