despertando
Poeta adicto al portal
En esa mente de sangre verde
ya casi nadie posa el rostro;
ni los grandes dragones rojos
ni las visiones más esquivas
de las diabólicas máquinas.
¿Dónde está el Dios de tu salvación?
dime angosta puerta de la destrucción,
tú que dejas entrar a tiznados diablos
a los mares más turbulentos y sitiados.
Apiádate de la blanca estalactita
que a mi angustiado pecho limita.
ya casi nadie posa el rostro;
ni los grandes dragones rojos
ni las visiones más esquivas
de las diabólicas máquinas.
¿Dónde está el Dios de tu salvación?
dime angosta puerta de la destrucción,
tú que dejas entrar a tiznados diablos
a los mares más turbulentos y sitiados.
Apiádate de la blanca estalactita
que a mi angustiado pecho limita.