En algún lugar del espejo
descubrí mi cara
hundida en sus huesos
en el océano infinito de la soledad,
me acaricié desnudo y avergonzado
buscando un consuelo
satisfaciendo la soledad de mi cuerpo
marchito y enfermo.
No has hecho lo que se suponía que debías,
ni viniste para salvarme
sólo te sentaste encima de mi cara
para no dejarme escapar
y verme en ese estado te satisfacía
gemías hasta gritar
te movías sobre mi
yo miraba hacia arriba
el paraíso que nunca tendría
estaba muriendo
en mi interior.
El día llegó de repente
dejando tu vientre traslúcido
oculto bajo la sábana
ahora tímido y esquivo
huyendo de mis manos
y mientras te vestías
me esforcé por decirte “te amo”
pero la resaca de la noche se lo llevó todo
incluso lo que sentíamos;
tomé las pastillas para quitarme este dolor,
busqué el consuelo en el café recalentado
al ver que te ibas;
te tomé a la fuerza,
te arrojé a la cama,
te hice gatear nuevamente
debajo de las sábanas
tapando tu rostro con la almohada
para que no pudieras respirar.
Sólo así pude tranquilizarte
dejar atrás la multitud de sombras
pensé que sentías lo mismo
pero el frío del instinto me insistía
que todo esto no era verdad;
me dijiste una mentira y la llamaste “piadosa”
igual que las que me dijeron cuando niño
pero dolió más,
porque nunca supe por qué lo hiciste.
Y me miro al espejo nuevamente
con el rostro demacrado
con la mirada en vigilia
observando la nada
y vuelves a mi
pero sólo en sueños
para hablarme de revolución y de esperanzas
y te sientas aquí con las piernas cruzadas
y tu sola mirada me hace perdonar;
no entiendo las fuerzas con las que estoy lidiando,
las aguas por las que estoy navegando
no sé qué pasará cuando descubran lo que somos,
ni sé qué pasará cuando se sepa la verdad.
Llevo todo anotado en mi diario de bolsillo
los días que murieron en la punta de tus dedos
tan sólo con acariciarlos se desmoronaron
confundiéndose en la arena
como un grano de sal;
y la mañana me encontró desnudo y solo
como en la noche anterior
llorando como el niño que perdió su hogar
por jugar con fuego;
no busco perdón
por ahora esa necesidad está cubierta
y me odio por amarte
con miedo contemplo este frágil equilibrio,
la ventana muestra la ciudad distante
aún no sabe lo que ha pasado,
que te he dado el control
nunca fui alguien importante
por el que alguien se detuviera a llorar
o a recordarme.
descubrí mi cara
hundida en sus huesos
en el océano infinito de la soledad,
me acaricié desnudo y avergonzado
buscando un consuelo
satisfaciendo la soledad de mi cuerpo
marchito y enfermo.
No has hecho lo que se suponía que debías,
ni viniste para salvarme
sólo te sentaste encima de mi cara
para no dejarme escapar
y verme en ese estado te satisfacía
gemías hasta gritar
te movías sobre mi
yo miraba hacia arriba
el paraíso que nunca tendría
estaba muriendo
en mi interior.
El día llegó de repente
dejando tu vientre traslúcido
oculto bajo la sábana
ahora tímido y esquivo
huyendo de mis manos
y mientras te vestías
me esforcé por decirte “te amo”
pero la resaca de la noche se lo llevó todo
incluso lo que sentíamos;
tomé las pastillas para quitarme este dolor,
busqué el consuelo en el café recalentado
al ver que te ibas;
te tomé a la fuerza,
te arrojé a la cama,
te hice gatear nuevamente
debajo de las sábanas
tapando tu rostro con la almohada
para que no pudieras respirar.
Sólo así pude tranquilizarte
dejar atrás la multitud de sombras
pensé que sentías lo mismo
pero el frío del instinto me insistía
que todo esto no era verdad;
me dijiste una mentira y la llamaste “piadosa”
igual que las que me dijeron cuando niño
pero dolió más,
porque nunca supe por qué lo hiciste.
Y me miro al espejo nuevamente
con el rostro demacrado
con la mirada en vigilia
observando la nada
y vuelves a mi
pero sólo en sueños
para hablarme de revolución y de esperanzas
y te sientas aquí con las piernas cruzadas
y tu sola mirada me hace perdonar;
no entiendo las fuerzas con las que estoy lidiando,
las aguas por las que estoy navegando
no sé qué pasará cuando descubran lo que somos,
ni sé qué pasará cuando se sepa la verdad.
Llevo todo anotado en mi diario de bolsillo
los días que murieron en la punta de tus dedos
tan sólo con acariciarlos se desmoronaron
confundiéndose en la arena
como un grano de sal;
y la mañana me encontró desnudo y solo
como en la noche anterior
llorando como el niño que perdió su hogar
por jugar con fuego;
no busco perdón
por ahora esa necesidad está cubierta
y me odio por amarte
con miedo contemplo este frágil equilibrio,
la ventana muestra la ciudad distante
aún no sabe lo que ha pasado,
que te he dado el control
nunca fui alguien importante
por el que alguien se detuviera a llorar
o a recordarme.