Elizabeth Flores
Poeta que considera el portal su segunda casa
.
¡Mentiras!
Mentiras que envenenan el alma
hasta despertar el dolor
y el clamor de la sangre,
más fuerte que el rugido del trueno;
entre el mar y la luna
se abraza una ola negra, salvaje,
que extingue el espíritu
y se ahoga en vil sueño de almohadas
sepultadas en espumas de engaños
que desfallecen en un rincón del alma
ardiente y sin gloria.
Mentiras enredadas en suaves lisonjas,
cegando un resbaladizo sueño
que entre sollozos
alza intrépido vuelo en noches de luna.
Mentiras que embriagan el alma
sedienta y con fúnebre acento
te matan, lapidando en tinieblas,
dejando un dolor punzante
en el mísero pecho.
Mentiras escritas en llamas,
derriten cual miel, te empalagan
y con eco profundo,
te llevan al abismo perdido,
clavando en el alma el hierro candente
de tan cruel falacia, de la viva calaña,
embustero traidor, serpiente taimada
¡De Dios no te escondes!
¡Mentiras!
Mentiras que envenenan el alma
hasta despertar el dolor
y el clamor de la sangre,
más fuerte que el rugido del trueno;
entre el mar y la luna
se abraza una ola negra, salvaje,
que extingue el espíritu
y se ahoga en vil sueño de almohadas
sepultadas en espumas de engaños
que desfallecen en un rincón del alma
ardiente y sin gloria.
Mentiras enredadas en suaves lisonjas,
cegando un resbaladizo sueño
que entre sollozos
alza intrépido vuelo en noches de luna.
Mentiras que embriagan el alma
sedienta y con fúnebre acento
te matan, lapidando en tinieblas,
dejando un dolor punzante
en el mísero pecho.
Mentiras escritas en llamas,
derriten cual miel, te empalagan
y con eco profundo,
te llevan al abismo perdido,
clavando en el alma el hierro candente
de tan cruel falacia, de la viva calaña,
embustero traidor, serpiente taimada
¡De Dios no te escondes!
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