Nat Guttlein
さん
El reloj se cansa y se llena,
de muchas palabras y planes.
Pero dan las doce de un día lunes,
y parece que la vida tomó las agujas de palillos,
y los apretó fuerte para hacer demasiado ruido.
Los proyectos se caen por el resquicio de la puerta,
se vuelven noticia en la tele que sigue prendida,
y vuelven a darle una calada al cigarro que dejaste en el cenicero,
si, el que está al lado de la ventana.
El amor no espera,
porque cupido es ansioso y un poco egoísta.
Las flechas se llenaron de pus,
y a los corazoncitos el médico ya los mutiló.
Porque aunque las cartas siguen gritando,
intentando escapar del fondo de la mesa de luz,
los recuerdos apoyan sus manos frías en mis hombros.
Las siento presionar fuerte y susurrarme que todo puede
volverse nada.
Y que esa nada misma, alguna vez fue un todo.
Pero el alguna vez ya pasó y el nada, ahora se transformo
en mi material de masturbación favorito.
de muchas palabras y planes.
Pero dan las doce de un día lunes,
y parece que la vida tomó las agujas de palillos,
y los apretó fuerte para hacer demasiado ruido.
Los proyectos se caen por el resquicio de la puerta,
se vuelven noticia en la tele que sigue prendida,
y vuelven a darle una calada al cigarro que dejaste en el cenicero,
si, el que está al lado de la ventana.
El amor no espera,
porque cupido es ansioso y un poco egoísta.
Las flechas se llenaron de pus,
y a los corazoncitos el médico ya los mutiló.
Porque aunque las cartas siguen gritando,
intentando escapar del fondo de la mesa de luz,
los recuerdos apoyan sus manos frías en mis hombros.
Las siento presionar fuerte y susurrarme que todo puede
volverse nada.
Y que esa nada misma, alguna vez fue un todo.
Pero el alguna vez ya pasó y el nada, ahora se transformo
en mi material de masturbación favorito.