Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Volamos y viajamos por el tiempo
esperando abrazos que no existen,
componiendo historias de amor
que murieron en el intento.
Naufragamos como en una oración
y no logramos descifrar el efecto
de los días en que no existe sol
y en que ponemos la barba contra el concreto.
Somos firmamento que tiembla con los truenos,
cáscaras de ironía ordenadas en coordenadas,
huellas de exorcismos que ablandaron
la firma de calaveras mutiladas.
La poca alma que me queda
viaja con boleto de turista,
y cree que va de viaje a alguna playa
y el vuelo va camino a la enfermería.
Somos mercaderes del infierno
que descansa en la autopista del temor,
constructores de túneles modernos
que apagan la luz de su motor.
Ya no tengo luz ni dirección,
el retrovisor de mi ánima se ha muerto
y vago en esta vida sin calor
a la espera de encontrar mi ataúd abierto.
esperando abrazos que no existen,
componiendo historias de amor
que murieron en el intento.
Naufragamos como en una oración
y no logramos descifrar el efecto
de los días en que no existe sol
y en que ponemos la barba contra el concreto.
Somos firmamento que tiembla con los truenos,
cáscaras de ironía ordenadas en coordenadas,
huellas de exorcismos que ablandaron
la firma de calaveras mutiladas.
La poca alma que me queda
viaja con boleto de turista,
y cree que va de viaje a alguna playa
y el vuelo va camino a la enfermería.
Somos mercaderes del infierno
que descansa en la autopista del temor,
constructores de túneles modernos
que apagan la luz de su motor.
Ya no tengo luz ni dirección,
el retrovisor de mi ánima se ha muerto
y vago en esta vida sin calor
a la espera de encontrar mi ataúd abierto.