El rumor suave y sigiloso contagió
nuestro cuerpo de distancia,
y un poema lejano como una luna
se ancló en nuestras manos
de nidos y cortezas.
El campo a través de la luz de ayer
lleno de sueños y penas
donde crecía la hierbabuena.
Un hogar como un laberinto
haciéndonos perder por la vida.
Las grutas de añil,
las flautas del jardín,
la avaricia y la carencia;
La vida que viví,
las sombras que asumí
la libertad y la condena.
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