RogelioRojas
Poeta recién llegado
Quieta, estoicamente firme, y un tanto agradable,
así estabas en aquella esquina tentadora.
Isla solitaria de reflexión misteriosa.
Ignorante, tal vez, del porvenir que te depara,
bendita inconsciencia la tuya, la que es perenne.
Ocupas tu espacio como quien respira profundamente,
postura natural, y resignada, seguro asignada.
Ignoras a tu ocupante, mientras te usa,
con gotas suaves y escurridizas, te marca,
te agita con la normalidad de una ligera torpeza.
Te exprime a sus anchas y hasta que se cansa, a su placer.
Carga sus pertenencias sobre tus nobles y firmes piernas.
Sin quererlo, te conviertes en la musa de sus musas,
sobre tus lomos descansa sus arrogantes ideas,
eres aquella compañía por coincidencia, que escucha sus penas.
Te abandona, una vez satisfechas sus intenciones,
no sin antes, dejarte por compañía aquella inútil basura.
Permites tal ultraje, serenamente, a la dignidad estoica,
al provecho que brindas, con tu singular nobleza.
así estabas en aquella esquina tentadora.
Isla solitaria de reflexión misteriosa.
Ignorante, tal vez, del porvenir que te depara,
bendita inconsciencia la tuya, la que es perenne.
Ocupas tu espacio como quien respira profundamente,
postura natural, y resignada, seguro asignada.
Ignoras a tu ocupante, mientras te usa,
con gotas suaves y escurridizas, te marca,
te agita con la normalidad de una ligera torpeza.
Te exprime a sus anchas y hasta que se cansa, a su placer.
Carga sus pertenencias sobre tus nobles y firmes piernas.
Sin quererlo, te conviertes en la musa de sus musas,
sobre tus lomos descansa sus arrogantes ideas,
eres aquella compañía por coincidencia, que escucha sus penas.
Te abandona, una vez satisfechas sus intenciones,
no sin antes, dejarte por compañía aquella inútil basura.
Permites tal ultraje, serenamente, a la dignidad estoica,
al provecho que brindas, con tu singular nobleza.