Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Una mujer corriente salvo que amando todo lo que pueda devolver lo amado. A veces de niña había sido vieja. Ahí estaba pues, por eso le dolían tanto los golpes de voz. Durante años había tratado de aceptar aquello que ni la misma muerte podía asegurar. Durante años había tratado de vivir de espaldas al recuerdo y de olvidar incluso la esperanza, pero es difícil acostumbrarse a convivir con el enemigo. Es muy difícil borrar de la memoria las huellas del pasado cuando la duda alimenta el deseo y acumula esperanzas sobre la negación.
Sin embargo en su cansada mirada la figura del enemigo comenzó a decrecer. Ahí estaba la causa, en el estómago o entre los codos, ahí brotaba como savia agridulce que no mojaba sus ojos pero sí sus labios.
Pensó de niña que apenas le faltaban días para ser mayor e imaginó que alguien le había prometido volver para tomarla de la mano cuando esto sucediera.
Años permanecieron tendidas sus manos, pequeñas, suaves, dulces, pero no había nada allí excepto dedos aislados. ¿Acaso sus manos se habían colapsado? ¿Tal vez, eran diferentes?
Les dio la vuelta y las palmas eran silencio, heridas con líneas bordadas en sangre y puntadas de amor subiendo por los dedos. Ella mezcló la sonrisa con su asombro, conocía las palabras pero sólo sonreía. Pura metáfora, sus manos eran normales, se dio cuenta y echó a correr, corría y amaba de prisa. Aún hoy lo sigue haciendo, ama y toca todo aquello que pueda devolver el toque. Creo que debido a su corazón, las distancias se rinden a sus pasos. A mí me llega de cerca, como del otro lado de la calle.
Como el tiempo y todas sus metáforas, sus manos se eternizan en los espejos del invierno, en lo invisible de la palabra y en las lágrimas del silencio.
¿De dónde el invierno? De la luz que la forzó a abandonar la infancia. ¿De dónde las palabras? De las alas de las mariposas. ¿De dónde los silencios? Del color y el brillo de sus ojos. Metáfora, pura metáfora, sus manos se encontraron con las mías cuando ya estaban reconstruidos esos dedos.
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