legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo,
que emulé presuroso
tus virtudes
e idealicé tu ser,
amanecí loando
tus encantos
y anochecí
quebrando el pensamiento,
balbuceando
letras temblorosas
simulando rezar
una oración.
Hice cristales
de mis polvorientos sueños
para hacer de ti
una antología
y mirarte a trasluz.
Allí,
pude ver:
el aura de tus sueños,
el génesis de tu belleza,
el fin de tus deseos,
la muerte prematura
del encanto juvenil,
el tétrico lamento
de la piel plisada,
la añoranza de un ayer
que vuelve mustio al mañana,
con olor húmedo
a ilusiones ya desvanecidas.
Una lágrima
titila inquieta
y luego cae infértil
más sedienta
que la tierra
que la absorbe,
ávida por brotar
una flor
que coloree
el paisaje
y perfume
la memoria
de un sueño
que agoniza
al final estertoroso
de un suspiro.
Veo ahogarse
en lo profundo de tus ojos
mi débil silueta
que agita
los brazos
buscando inútilmente
aferrarse a tus párpados
para luego escapar.
Mas,
al otro lado del cristal,
cautiva por el tiempo
está mi realidad,
más triste
que aquella
inquieta lágrima,
evaporando sueños
inquilinos del ayer
que yace yerto
tras una vida frugal
que disolvió a una rosa
el día anterior
a la última víspera.
que emulé presuroso
tus virtudes
e idealicé tu ser,
amanecí loando
tus encantos
y anochecí
quebrando el pensamiento,
balbuceando
letras temblorosas
simulando rezar
una oración.
Hice cristales
de mis polvorientos sueños
para hacer de ti
una antología
y mirarte a trasluz.
Allí,
pude ver:
el aura de tus sueños,
el génesis de tu belleza,
el fin de tus deseos,
la muerte prematura
del encanto juvenil,
el tétrico lamento
de la piel plisada,
la añoranza de un ayer
que vuelve mustio al mañana,
con olor húmedo
a ilusiones ya desvanecidas.
Una lágrima
titila inquieta
y luego cae infértil
más sedienta
que la tierra
que la absorbe,
ávida por brotar
una flor
que coloree
el paisaje
y perfume
la memoria
de un sueño
que agoniza
al final estertoroso
de un suspiro.
Veo ahogarse
en lo profundo de tus ojos
mi débil silueta
que agita
los brazos
buscando inútilmente
aferrarse a tus párpados
para luego escapar.
Mas,
al otro lado del cristal,
cautiva por el tiempo
está mi realidad,
más triste
que aquella
inquieta lágrima,
evaporando sueños
inquilinos del ayer
que yace yerto
tras una vida frugal
que disolvió a una rosa
el día anterior
a la última víspera.