Estrella Cabrera
Poeta adicto al portal
Tenía el pelo blanco
y sin ojos,
arrugas en cada frente,
y sin manos.
No hablaba
no reía, no lloraba.
Pero podía dominar
la más fuerte brisa
de la mañana.
Por la noche nadie la veía
y nadie sabe si estaba
o si se escondía.
Yo sé que estaba ahí
porque la sentía.
Tenía largas piernas
pero no andaba,
y, cuando era feliz,
sólo se encendía
una leve sonrisa en su cara.
Y sus ojos...
No, no tenía ojos,
tenia mirada.
Y sus manos...
No, no eran manos, no eran nada,
un poder que suavemente
todo lo arrasaba,
pero que no destruía,
fortificaba.
Yo estaba segura
porque la notaba.
Nunca la veía
pero la miraba.
Jamás llegué a oírla
pero la escuchaba.
Ella nunca se rebelaba,
con una paz monótona
se identificaba.
Sin brazos, sin manos
me llevaba.
Y yo sé que nadie
llegó a equipararla.
Ni el más fuerte ni el más débil
consiguió cambiarla.
Y, a pesar de todo,
con prisa o con calma
nacía en cada cuerpo
una nueva, el alma.
y sin ojos,
arrugas en cada frente,
y sin manos.
No hablaba
no reía, no lloraba.
Pero podía dominar
la más fuerte brisa
de la mañana.
Por la noche nadie la veía
y nadie sabe si estaba
o si se escondía.
Yo sé que estaba ahí
porque la sentía.
Tenía largas piernas
pero no andaba,
y, cuando era feliz,
sólo se encendía
una leve sonrisa en su cara.
Y sus ojos...
No, no tenía ojos,
tenia mirada.
Y sus manos...
No, no eran manos, no eran nada,
un poder que suavemente
todo lo arrasaba,
pero que no destruía,
fortificaba.
Yo estaba segura
porque la notaba.
Nunca la veía
pero la miraba.
Jamás llegué a oírla
pero la escuchaba.
Ella nunca se rebelaba,
con una paz monótona
se identificaba.
Sin brazos, sin manos
me llevaba.
Y yo sé que nadie
llegó a equipararla.
Ni el más fuerte ni el más débil
consiguió cambiarla.
Y, a pesar de todo,
con prisa o con calma
nacía en cada cuerpo
una nueva, el alma.
* * *
Estrella, 1980.
Estrella, 1980.
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