Alexiz
Poeta adicto al portal
He elegido mi camino:
Ahora procedo a adentrarme
en la vida de verdad.
He dejado por el momento
la falsa sensación de seguridad
que me ha ofrecido la vida
que ahora he dejado atrás.
Me ofrezco como uno más a recorrer
la senda que nada te da,
con la idea fantástica de que algo
le he de poder quitar con mis manos ávidas
en el hurto de lo que no se da jamás.
Camino con un rumbo fijo:
el de alejarme de la ciudad
que aturde el pensamiento,
que encierra después de engatusar
al sentimiento con artimañas
de falsa sensacionalidad.
Ando con mi locura y mi razón
acuñadas en una mochila
que apenas aguanta un puñado
de ropa y un fragmento efímero
de mi antigua habitación.
El sol me da de frente,
pero lejos de segarme
y dejarme con la mirada fija
en algún punto en el suelo,
me hace aferrarme al camino
que he decidido tomar
para llegar tan lejos como mis pies
y las muchas oportunidades
que tengo me lo permitan.
Puedo notar el sarcasmo
en mis pisadas al decirme
que soy valiente,
he mirado hacia atrás
y me he topado con eso.
Veo el espacio que tengo
enfrente y me dice:
"¿vienes?"…Yo me niego a responder
con palabras, simple y sencillamente
no dejo de avanzar.
Me mira y dice: "vienes".
Y deja de reír, calla y habla
hasta que el sarcasmo
de mis huellas fluya
de nuevo por mi cabeza.
Con el paso de las horas
paso a pensar que he perdido
muchas veces frente a tantas
batallas tantísimas buenas cosas:
he perdido mi alegría,
he perdido la caballerosidad,
la curiosidad y, con el tiempo...
el tiempo, por causa de las cosas vanas,
de las cosas malas y profanas
de la sociedad.
Por eso me alejo de ella,
me alejo para no regresar
jamás en vida…
Ahora procedo a adentrarme
en la vida de verdad.
He dejado por el momento
la falsa sensación de seguridad
que me ha ofrecido la vida
que ahora he dejado atrás.
Me ofrezco como uno más a recorrer
la senda que nada te da,
con la idea fantástica de que algo
le he de poder quitar con mis manos ávidas
en el hurto de lo que no se da jamás.
Camino con un rumbo fijo:
el de alejarme de la ciudad
que aturde el pensamiento,
que encierra después de engatusar
al sentimiento con artimañas
de falsa sensacionalidad.
Ando con mi locura y mi razón
acuñadas en una mochila
que apenas aguanta un puñado
de ropa y un fragmento efímero
de mi antigua habitación.
El sol me da de frente,
pero lejos de segarme
y dejarme con la mirada fija
en algún punto en el suelo,
me hace aferrarme al camino
que he decidido tomar
para llegar tan lejos como mis pies
y las muchas oportunidades
que tengo me lo permitan.
Puedo notar el sarcasmo
en mis pisadas al decirme
que soy valiente,
he mirado hacia atrás
y me he topado con eso.
Veo el espacio que tengo
enfrente y me dice:
"¿vienes?"…Yo me niego a responder
con palabras, simple y sencillamente
no dejo de avanzar.
Me mira y dice: "vienes".
Y deja de reír, calla y habla
hasta que el sarcasmo
de mis huellas fluya
de nuevo por mi cabeza.
Con el paso de las horas
paso a pensar que he perdido
muchas veces frente a tantas
batallas tantísimas buenas cosas:
he perdido mi alegría,
he perdido la caballerosidad,
la curiosidad y, con el tiempo...
el tiempo, por causa de las cosas vanas,
de las cosas malas y profanas
de la sociedad.
Por eso me alejo de ella,
me alejo para no regresar
jamás en vida…
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