El camino que recorro
de mi casa al mar
es, la mayoría de las veces, gris,
otras azul y claro,
pero con casas vivas
y árboles casi eternos,
con sus troncos cuajados de sólido tiempo,
y sus ramas
señalando la estación del año
como fiel calendario.
Mi corazón,
como de costumbre, lento,
se ha sellado
en su memoria de sangre
ese paisaje para quererlo siempre.
Impreso en mi rutina,
como fiel ventana de mi respirar
reconoce todos sus recodos,
sus arbustos frondosos,
sus camelias deshojándose,
en este invierno largo
pisando ya a la primavera,
y sin dejar que penetre
como ella se afana a veces.
Es el camino que me llena de vida
como tantos otros caminos
que he recorrido
pero con el alma disuelta
en cada paso de tu tierra,
y mis ojos empapándose de luz
verde de árbol
gris de cielo
azul oscuro de mar,
y mi pensamiento ausente
como si la vista fuera todo lo que tengo
para poderme llenar
de tanta sencillez aparente
y de tanta belleza en su simplicidad.
de mi casa al mar
es, la mayoría de las veces, gris,
otras azul y claro,
pero con casas vivas
y árboles casi eternos,
con sus troncos cuajados de sólido tiempo,
y sus ramas
señalando la estación del año
como fiel calendario.
Mi corazón,
como de costumbre, lento,
se ha sellado
en su memoria de sangre
ese paisaje para quererlo siempre.
Impreso en mi rutina,
como fiel ventana de mi respirar
reconoce todos sus recodos,
sus arbustos frondosos,
sus camelias deshojándose,
en este invierno largo
pisando ya a la primavera,
y sin dejar que penetre
como ella se afana a veces.
Es el camino que me llena de vida
como tantos otros caminos
que he recorrido
pero con el alma disuelta
en cada paso de tu tierra,
y mis ojos empapándose de luz
verde de árbol
gris de cielo
azul oscuro de mar,
y mi pensamiento ausente
como si la vista fuera todo lo que tengo
para poderme llenar
de tanta sencillez aparente
y de tanta belleza en su simplicidad.