La casa de las arenas
Poeta recién llegado
Roza el suelo la penúltima palabra. Desafío al invierno haciendo acopio de las letras del suelo, que vuelvo a pegar donde encuentro un hueco: entre las mechas del flequillo, en el ombligo, a lo largo de mis brazos. Las ansias de volver a empezar agitan las alas de mi gamulán de mariposas.
Y te encuentro de nuevo.
Orgullosa, finjo sorpresa ante la sinceridad de tu alegría.
—¿Vos acá? ¡Quién lo diría!
Las primeras estrofas, estrellas fugaces de nuestra charla en bucle, cargan promesas de magia. Lo otro lo escribe la vida, que amputa ramas y bloquea los caminos. Entonces es momento del último coro, el que anticipa ese adiós que me rehúso a escuchar. Aunque la chica no sea yo. Aunque vos quizás ya no existas.
La luz del presente será esclarecedora, pero no me favorece. Cubro el sol con una luna de papel; titubean los faroles de la avenida. Inspecciono, de reojo, mi silueta en el reflejo de un recuerdo. Me felicito por la elección del collar de caracoles, me subo un centímetro la falda.
Y te encuentro de nuevo.
NATALIA DOÑATE
Y te encuentro de nuevo.
Orgullosa, finjo sorpresa ante la sinceridad de tu alegría.
—¿Vos acá? ¡Quién lo diría!
Las primeras estrofas, estrellas fugaces de nuestra charla en bucle, cargan promesas de magia. Lo otro lo escribe la vida, que amputa ramas y bloquea los caminos. Entonces es momento del último coro, el que anticipa ese adiós que me rehúso a escuchar. Aunque la chica no sea yo. Aunque vos quizás ya no existas.
La luz del presente será esclarecedora, pero no me favorece. Cubro el sol con una luna de papel; titubean los faroles de la avenida. Inspecciono, de reojo, mi silueta en el reflejo de un recuerdo. Me felicito por la elección del collar de caracoles, me subo un centímetro la falda.
Y te encuentro de nuevo.
NATALIA DOÑATE