José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando me desplacé del pueblo a la ciudad
nunca me acostumbré a vivir en semejante lugar.
Mi mente limpia, no quería desterrar esa armonía;
de los amaneceres, del colorido de las lomas,
el verdor de la ribera retorciéndose, junto al río.
Mi mente bullía, no paraba de girar, buscando el sosiego
que mi alma necesitaba, buscar un lugar ideal.
Mi gran obsesión fue el inefable placer de construir mi ansiado
hogar. Quería sentir esa alegría, ese equilibrio, disfrutar
con las vistas al mar, espacio holgado y sembrar árboles
que me recordaran mi tierna infancia, mi hogar maternal.
Con gran afán y empeño, empecé a cumplir mi sueño
todos loco me creían pero, yo sabía que triunfaría.
Sin pompas ni riqueza la levanté; sencilla, como me crie
a mi gusto, como debía ser
¡Qué placer! ver la piscina, su agua transparente
y el reflejo de las plataneras, visión cristalina
que te traslada a otro exótico continente .
Cuando empecé a crear el jardín
mucho sacrificio tuve que asumir
los vecinos bebían y reían
y yo cumpliendo mi fin.
La casa donde habito
tiene un silencio celestial
por las mañanas, en la madrugá,
los pajarillos se oyen cantar.
nunca me acostumbré a vivir en semejante lugar.
Mi mente limpia, no quería desterrar esa armonía;
de los amaneceres, del colorido de las lomas,
el verdor de la ribera retorciéndose, junto al río.
Mi mente bullía, no paraba de girar, buscando el sosiego
que mi alma necesitaba, buscar un lugar ideal.
Mi gran obsesión fue el inefable placer de construir mi ansiado
hogar. Quería sentir esa alegría, ese equilibrio, disfrutar
con las vistas al mar, espacio holgado y sembrar árboles
que me recordaran mi tierna infancia, mi hogar maternal.
Con gran afán y empeño, empecé a cumplir mi sueño
todos loco me creían pero, yo sabía que triunfaría.
Sin pompas ni riqueza la levanté; sencilla, como me crie
a mi gusto, como debía ser
¡Qué placer! ver la piscina, su agua transparente
y el reflejo de las plataneras, visión cristalina
que te traslada a otro exótico continente .
Cuando empecé a crear el jardín
mucho sacrificio tuve que asumir
los vecinos bebían y reían
y yo cumpliendo mi fin.
La casa donde habito
tiene un silencio celestial
por las mañanas, en la madrugá,
los pajarillos se oyen cantar.