Una fresca brisa matutina trae la etérea fragancia
de aquellos amaneceres que creí ya no volverían,
mi corazón se asombra y estremece
recobrando su anhelado latir acompasado.
Un haz de luz triunfante y misterioso
se cuela sonriente a través de mi ventana
trayendo consigo tu ansiada presencia
que aflora colmando mi espacio solitario.
Un furtivo e inusitado fragmento de ilusión
borra la aguda huella de mi antiguo llanto,
en tu mirar, mi cielo, descubro remolinos
de futuros inciertos que me atraen.
El miedo de repente se hace esquivo
dejándome a merced de la confianza
que vuelve estimulando mis sentidos
arrastrándome a tus brazos sin defensa.
Y ahora estoy entregada en el delirio
de encontrar en ti y en mi un universo
de pasión y amor compenetrados
que renueve en los dos toda esperanza.